Biográfico, apasionado, lírico, agradecido, semiimprovisado… grande el discurso de Leonard Cohen en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2011, al recibir su galardón en la categoría de Letras. Un discurso que supuso un homenaje al país que lo homenajeaba, cerrando así el círculo empático entre el artista y la tierra que, en sus propias palabras, fue el detonante y ha sido el sostén de su carrera.

Tres elementos clave: Federico García Lorca, la guitarra Conde y el joven forastero que descubrió una mañana en una cancha de tenis de Montreal y que le enseñó a tocar su primera sucesión de seis acordes para suicidarse apenas unos días después. Poesía, música y sentimiento trágico… tres factores que bien podrían definir a España, pero que, sin lugar a dudas, definen a Cohen a la perfección:

Porque un hombre no es una credencial y un país no es solo eso, tampoco, una carga, un crédito no es país, en esta fraternidad en la que estoy con el poeta Federico García Lorca, puedo decir que cuando era joven y adolescente y buscaba una voz en mí, estudiaba a los poetas ingleses y conocía bien su obra, y copiaba sus estilos, pero no encontraba mi voz: solamente cuando por fin leí, aunque era una traducción, las obras de Federico García Lorca, fue entonces cuando comprendí que había una voz.

(…)

Todo lo que ustedes encuentren favorable en mis canciones, en mi poesía están inspiradas por esta tierra, y por tanto les agradezco enormemente esta hospitalidad que me han mostrado y que han mostrado por mi obra, porque es suya, y me han permitido poner mi firma en el final de la última página. Muchas gracias señoras y señores”.

Al disfrutar del vídeo, uno no puede dejar de imaginar un suave fondo musical y un coro de muchachas enfatizando sus frases más certeras. Porque más que un discurso, a mí me suena casi a letra de canción…

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