A propósito de la carta de Braulio a la SGAE

Un día, querido Juanjo, la gente, los socios decepcionados, se arremolinarán delante de la SGAE, lo mismo que lo hacen los Indignados del 15M ante los Parlamentos que no los representan… Lo mismo que lo han hecho, o lo hacen, las masas en Siria, Libia, Túnez, Egipto o Yemen… cansados de esas satrapías aferradas a sus poltronas, ahítas de poder y de desprecio ‘al pueblo’…”.

El amigo y cantante Braulio se despacha a gusto en la prensa sobre la SGAE, los últimos acontecimientos y la candidatura de Caco Senante a la presidencia de la entidad en Canarias. Se trata de un texto de alguien que pertenece a la sociedad y que, como refleja en su carta, aceptó y colaboró, con más o menos entusiasmo, en el ejercicio de los preceptos y ‘modus operandi’ de su cúpula.

Ahora eleva la voz para centrar su posición en el debate, marcar diferencias y negarse en redondo a que se perpetúe el ‘stablishment‘, en una carta pública con algunos pasajes que no tienen desperdicio, por lo que atesoran de revelador y de denuncia.

Sin embargo, en uno de ellos realiza una afirmación que es del todo errónea, y que me gustaría aclararle a continuación:

La SGAE que Caco representa está metida hasta el cuello en el albañal de un escándalo del que aún se desconocen sus verdaderas proporciones y, lo que es peor, con toda la opinión pública posicionada en contra del legítimo derecho de los autores a percibir lo que producen sus obras. A los próximos dirigentes de la Sociedad les tocará la difícil tarea de lavarle la cara y tratar de explicar al país que El Derecho de Autor es algo asumido, respetado y defendido en todo el mundo civilizado.

1) La opinión pública no está “posicionada contra el legítimo derecho de los autores a percibir los que producen sus obras”. La opinión pública está posicionada en contra de los excesos de la industria y de las sociedades gestoras que atentan contra el legítimo derecho de toda persona al libre acceso a la cultura, un derecho reconocido en todas las cartas nacionales e internacionales. La opinión pública reclama, precisamente, una relación directa con el creador, al margen de intermediarios. Y una relación justa, que armonice ese derecho fundamental del libre acceso a la cultura con ese otro, mercantil, aunque ciertamente legítimo, de los creadores a intentar vivir de su obra.

2) El derecho de autor no es un concepto único, estricto, cerrado e inflexible. Por eso está ahora mismo en cuestión en todos los países “civilizados”, porque es posible y, sobre todo, necesario, adecuar el derecho de autor a la época en la que vivimos. Una época en la que las nuevas tecnologías facilitan, como nunca antes en la historia, el ejercicio de ese derecho fundamental al libre acceso a la cultura, al margen de los abusivos cánones que imponen la industria y las sociedades gestoras. Por eso ha nacido el copyleft con todo su catálogo de licencias. Y eso, amigo, créeme, no es malo, sino excelente para el autor.

3) Esas mismas tecnologías están permitiendo que cualquier persona pueda expresarse y crear como nunca antes, dar rienda suelta a esa capacidad innata que distingue al ser humano que es la creatividad y que se ha visto históricamente coartada por la imposibilidad de acceder a los medios de producción, siempre carísimos, siempre en manos de los intermediarios de la creación. Es decir, que todos somos creadores y todos somos consumidores. Hoy, en los albores del siglo XXI, más que nunca.

4) Si hay algún sector que ha explotado miserablemente y ha estado siempre “en contra del legítimo derecho de los autores a percibir lo que producen sus obras” no ha sido la “opinión pública” ni el ciudadano de a pie, sino precisamente la industria y las sociedades gestoras que se han aprovechado del trabajo y el talento del creador para crear unos emporios económicos impresionantes y para, justamente, enfrentar a éstos con la sociedad. Ya sabes, divide y vencerás. Estoy convencido de que tú, que has sido un luchador y un ‘insumiso’ de siempre, estarás de acuerdo con esta afirmación.

4) Y, por último, quiero que sepas que te escribo desde mi condición de ciudadano, de creador y también de ‘socio’ de base e ‘insumiso’ de la SGAE. Mis creaciones como músico, periodista, escritor, fotógrafo o blogger están a libre disposición bajo una licencia copyleft, sin que por ello renuncie a las retribuciones económicas que de las mismas puedan derivarse. Y me va mejor ahora que cuando dependía exclusivamente de productoras, managers y discográficas. Mi obra tiene una difusión y yo una retribución como nunca la tuve antes. Y cuando hablo de retribución no hablo sólo de dinero, más bien no hablo casi nada de dinero, sino de todas esas pequeñas y grandes recompensas anímicas, emocionales e intelectuales que te da la creación si realmente amas tu obra, la cultura y el arte.

Me ha gustado mucho tu carta porque refleja ese afán de justicia y de insumisión al que antes hacía referencia, y porque te acerca bastante a los criterios innovadores, de sentido común, que muchos venimos pregonando desde hace tiempo. Pero créeme si te digo que la opinión pública, la ciudadanía, es la mejor, la única aliada de la creación y los creadores. Cuanto antes lo entiendas, antes estarás en disposición de proceder con todas sus conseciencias como un autor, un creador verdaderamente comprometido con su obra, con su gente y con su época.