Twitter desactualiza Tweetdeck

Acabo de instalar y desinstalar en un plis plas la ‘nueva’ versión de Tweetdeck para Mac que acaba de lanzar Twitter (desconozco cómo va en otros sistemas operativos). Tal ha sido mi indignación.

Se trata de una de las muchas novedades que el servicio de microblogging ha presentado hoy y, aunque al parecer consume muchos menos recursos, lo cierto es que se ha cargado buena parte de las prestaciones que la habían convertido, junto con Hootsuite, en mi aplicación favorita de escritorio (no así móvil, donde sus apps han dejado siempre mucho que desear).

El caso es que los desarrolladores han decidido cargarse las conexiones con LinkedIn y Foursquare (aunque las mantienen con Facebook), además de aspectos que valoraba bastante como la información que acompañaba a cada tuit en el TL (datos de usuario, hora, desde qué plataforma se había enviado…) o algunas columnas que también han hecho desaparecer.

Pero es esa limitación en la interacción con otras herramientas lo que peor me ha sentado. ¿Retrocedemos en lugar de avanzar? ¿Qué parte de ‘2.0‘ o de ‘conversación‘ no han entendido en Twitter? ¿Vamos hacia un sistema de plataformas cada vez más encerradas en sí mismas?

Con Facebook y Google creando sus propios ecosistemas cerrados y autosuficientes (la última, además, fagocitando todas las buenas ideas independientes), y la deriva iniciada por Twitter hace ya algunos meses, el panorama de la Web 2.0 se torna cada día un tanto más desolador. Al menos en lo que a conectividad e interacción, es decir en esa condición de red abierta y cooperativa, se refiere. Y no es asunto baladí: ésa es precisamente una de las columnas vertebrales de la ‘filosofía 2.0’.

No podemos hablar de improvisación ni de ‘cosas del directo’: Tweetdeck no es una herramienta nueva, lleva ya años de desarrollo. Estoy convencido de que se trata de una cuestión conceptual y consciente. Increíble.

Mientras algunos profetizan ya sobre la inminencia de la Web 3.0, lo cierto es que otros parecen empeñados en involucionar o pervertir el proceso, primando consideraciones comerciales a mí entender erróneas, que a la larga pasarán factura, sobre el buen servicio al usuario y las bases esenciales de la ‘conversación’. Inventando el pasado. Avanzando hacia atrás. Restringiendo en lugar de ampliar. La estrategia del cangrejo. No les arriendo el futuro.

Tiempo hay de rectificar. Y, si no, siempre habrá quien tome el relevo.