Artículo 22:

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”.

Hoy se cumplen 63 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Un 10 de diciembre de 1948, recién concluida la II Guerra Mundial, 48 de los 58 estados miembros de la ONU suscribían la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el documento más importante de la historia en lo que a la protección y promoción de las premisas esenciales para un mundo más justo, libre y humano se refiere. Un texto que ha servido de marco e inspiración para muchas de las acciones que han contribuido al progreso de la justicia y las libertades en toda el planeta, pero que desgraciadamente se encuentra cada vez más amenazado por aquellos que anteponen el interés particular al interés general de los ciudadanos del planeta.

He tomado este artículo 22 como referencia hoy tras releer estos días a Stéphane Hessel y su ‘¡Indignaos!‘. Hessel fue uno de los ‘padres’ del documento e, indudablemente, este punto de la declaración, pero en especial todos los que van entre el 22 y el 30, resulta especialmente relevante para la coyuntura político-económica en la que nos encontramos. Las negritas son mías.

Feliz aniversario. Sin olvidar que la mejor forma de celebrarlo y homenajearlo es mantenerse vigilantes y defender sus preceptos ante cualquier agresión. Y yo diría que en estos campos: económico, social y cultural, cada día se nos acumula más el trabajo.