El santuario del troll (2)

Hasta ahora, en el sistema controlado por Eskup se ha vetado a 74 participantes. Algunos de ellos se han dirigido a la Defensora para quejarse de que el diario “ejerce una intolerable censura e impide la libertad de expresión”. Pero la Defensora lo tiene muy claro: eso no es censura. Simplemente, se aplican las normas de educación y calidad que exige nuestro Libro de Estilo. Creo que el diario no debe dejarse amedrentar por estos argumentos. Ha de dejar claro que no quiere insultos ni descalificaciones, y la forma de hacerlo es no permitiéndolos. Porque por muchas proclamas que hagan sus responsables, si los lectores comprueban que de la noticia para abajo, en muchas ocasiones todo vale, nunca se romperá la espiral de la degradación”.

Si el pasado domingo era Elvira Lindo la que alzaba la voz contra la excesiva permisividad de los medios digitales hacia las agresiones dialécticas de los trolls o comentaristas sin escrúpulos, hoy es la propia defensora del lector de ‘El País‘, Milagros Pérez Oliva, la que hace lo propio en un artículo contundente dirigido específicamente a su propio periódico, pero con argumentos que son extensibles a todas las demás plataformas periodísticas online.

Estoy completamente de acuerdo con ella en que ya es hora (ya era hora hace mucho) de que los medios articulen las medidas precisas para que la ‘conversación’ no se vea distorsionada, no por diferencias de opiniones, ideologías y criterios, sino por el insulto anónimo, la injuria y la calumnia. Es algo que venimos haciendo desde hace tiempo la mayor parte de los bloggers comprometidos con la ‘conversación’ y con la netiqueta. No hay nada de censura en la moderación de los exabruptos: los exabruptos son la censura, un ataque intolerable contra la opinión de quien susbribe el artículo o el post, o de los comentaristas que opinan de forma diferente.

El troll es el skinhead del debate online. La agresividad es su bandera. Se conduce como un mamporrero neonazi a la caza y captura de su víctima: cualquiera que disienta de su opinión o sea objeto de su animadversión. Son ellos los principales enemigos de la libertad de expresión porque la pervierten hasta desnaturalizarla. Por favor, no esgriman ese importante derecho en defensa de la agresión gratuita, cobarde y destructiva. No en su nombre. Jamás.