Andaba ayer corriendo por la Red el vídeo donde Santamaría intenta copiar el discurso de Lisa Simpson. Cualquier parecido con la realidad es un piropo indiscutible para la vicepresidenta, a la que se le quedó la boca seca como la suela de un zapato desde el inicio de su comparecencia. Estará contenta, ¿quién no quiere que se le compare con una de las niñitas más ecologistas, sensatas y queridas de la televisión? No me queda muy claro si el vídeo que pretende ser viral salió de las filas azules o las rojas.

Si me dan a elegir un viral, me quedo con este otro viejo vídeo que no maquilla la verdad. Es directo, sencillo y sincero. La historia de ‘Mouseland’ (léase tierra de ratones, España, Francia, Alemania, EE.UU., Colombia, Perú…). Una conocida fábula política que siempre está de actualidad porque la historia se repite una y otra vez.

Mouseland, la historia que se repite

Contada por primera vez por Clarence Gillis, fue Tommy Douglas, prominente activista y político, elegido en 2004 como “El canadiense más grande de todos los tiempos” quien difundió y popularizó ‘Mouseland’. Más tarde, el Nuevo Partido Democrático de Canadá también la hizo suya. Ante tal bolchevique mensaje, en 2006, Brad Wall, líder del partido de la oposición, parodió Mouseland, presentándolo como un lugar en el que los ratones eran seres malvados y destructivos… y vuelta a empezar.

Con la aprobación en España de leyes que claramente atentan contra el interés general y el progreso tecnológico y económico para satisfacer los deseos de sectores muy determinados, como el es caso de la denominada ‘Ley Sinde‘ o ya ‘LeySinde-Wert‘, esta metáfora de la ‘lobbycracia‘ (el Gobierno de los intereses particulares) cobra de nuevo actualidad. Claro, que la única solución posible sigue estando en manos de los ‘ratones’. Todo es cuestión de despertar.