Periodismo digital

El consejero delegado del grupo PRISA y presidente de EL PAÍS, Juan Luis Cebrián, defiende que el periodismo tal y como se ha entendido hasta ahora ha muerto. Y lo ha hecho tras un cambio “bestial” que ha llevado a los medios de comunicación a dejar de ejercer el cuarto poder. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública”. Un ejemplo: “Si el Rey ha pedido perdón, no ha sido por los medios sino por lo que se reflejaba de él en las redes sociales”. Es una pérdida de prestigio que, según Cebrián, afecta a los medios y al resto de estamentos democráticos.

(…) En ese nuevo entorno, el papel del periodista ha cambiado. Según Cebrián, para degradarlo. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública. Y eso genera gran vértigo. Sigue teniendo un papel, pero ya no ese cuarto poder de los años cuarenta o cincuenta”. En su opinión, se ha producido una pérdida del papel de intermediación de la prensa entre la sociedad y el poder. Hasta el punto de que “la perdida de prestigio de la democracia tiene que ver con la de los medios y viceversa”.

Cebrián afirma que la prensa ya no vertebra la opinión pública

Comparto en parte el análisis de Cebrián (del que, por cierto, estos días releo en mi tablet ‘Cartas a un joven periodista‘), es decir los medios ya no son los únicos interlocutores en el ámbito de la comunicación y, desde luego, no vertebran por completo la opinión pública, pero discrepo abiertamente de varias de sus afirmaciones, especialmente aquellas que se dirigen hacia la interpretación de que esa ‘pérdida de poder’, que entiendo sólo relativa en un proceso descentralizador que aún no sabemos cómo quedará configurado, supone una degradación del periodismo, del periodista y, mucho menos, de la democracia.

Esa visión de las cosas nos llevaría a pensar también que el sufragio universal, el gobierno abierto o las leyes de transparencia han supuesto un menoscabo de los ideales democráticos cuando, en realidad, han sido todo lo contrario: la profundización y desarrollo de sus mejores valores. Es decir el paso de una democracia representativa que cada vez representa menos a la sociedad del siglo XXI a una democracia mucho más abierta, directa y participativa. Una democracia con mayúsculas.

El hecho de que los medios tradicionales, y con ellos el poder tradicional, hayan perdido en parte el control de la información y de la opinión no implica una degradación ni del periodismo ni del periodista, sino el inicio de un nuevo modelo en el que las empresas y profesionales están obligados a manejarse según las reglas de juego de un entorno comunicativo mucho más complejo, abierto, plural, participativo y, por tanto, mucho más democrático.

El ‘social media‘ convive, compite y se sigue nutriendo hoy en buena parte del periodismo profesional (que tampoco es exclusivo ya de las grandes cabeceras), y viceversa. Las redes sociales pueden jugar un importante papel informativo en determinados acontecimientos, especialmente en aquellos donde los medios tradicionales no pueden o no quieren llegar, o intentan dar una visión parcial de las cosas. Pero aún no son capaces de sustituirlo por completo tal y como aventura Cebrián. Precisamente el caso del Rey al que se refiere es un perfecto ejemplo de lo que digo: la información saltó y estuvo marcada en todo momento por lo publicado en los medios, aunque ciertamente la opinión tuvo su mayor reflejo en Internet, como casi todo hoy día, aunque también en prensa, radio y televisión. Y esto es así porque ambos ámbitos, periodismo-redes, se retroalimentan.

Pero no veo en todo este proceso pérdida alguna de prestigio democrático. Muy al revés, un avance sin precedentes hacia una democracia real: política, social, cultural y también comunicativa. La gran asignatura pendiente en el avance hacia esa nueva democracia, por cierto, sigue siendo la económica.