Ciberrepresión

Positiva, muy positiva la declaración de intenciones, acompañada de anuncio de sanciones, que ha efectuado hoy el presidente estadounidense Barak Obama sobre la protección de las libertades en la Red frente a lo que denomina ‘ciberrepresión’ y que él centra en la violación ‘digital’ de derechos humanos en países como Siria o Irán.

Afirmaciones como éstas:

Estas tecnologías existen para darle más poder a los ciudadanos, no para aumentar la capacidad de reprimirlos”

El recurso de la tecnología para usos represivos se entiende a partir de ahora en EEUU como un ataque contra los derechos humanos que merece ser específicamente castigado”

las suscribo desde ya, porque entroncan directamente con mi concepción de Internet y con la defensa de los derechos y libertades que siempre he defendido.

Ahora bien, ¿qué entiende Obama por ‘ciberrepresión’? ¿Tan solo la violación de los derechos fundamentales en la Red en los países citados? ¿En cualquier tipo de dictadura o de régimen alejado de la democracia? ¿O en cualquier rincón del planeta? ¿Es también extensible al quebrantamiento de esos mismos derechos en los propios países democráticos? ¿Incluye su pronunciamiento la defensa de libertades básicas como la de expresión y opinión, la privacidad, la tutela judicial efectiva, el derecho a la defensa o el secreto de las comunicaciones, actualmente amenazadas en prácticamente todo el mundo occidental por proyectos como Pipa, Acta, Sopa, Hadopi, Ley Sinde-Wert… para la protección de intereses particulares? ¿Entenderá por ‘ciberrepresión’ también las modificaciones que el Gobierno de España ha anunciado en su código penal para perseguir las convocatorias de movilizaciones en la Red?

Porque de las respuestas a estas preguntas podremos hacernos una idea del verdadero alcance de estas declaraciones. Positiva, como digo, en cualquier caso, porque al menos suponen un nuevo espaldarazo a la consideración de Internet como derecho fundamental, pero insuficientes y adulteradas a todas luces si se quedan en mera herramienta de acoso exclusivo contra aquellos países que se encuentran en el punto de mira de la política exterior norteamericana.