Facebook se desploma en el Nasdaq

Planteaba el pasado mes de octubre, en la mesa ‘La próxima red social. Evoluciones sociales en clave digital’ del Eset Internet Meeting Point (Gijón), el concepto de ‘netfunding‘, una idea que gira en torno a la irrupción del usuario en uno de los pocos aspectos en los que las herramientas de la Web 2.0 no han permitido hasta el momento la participación del usuario: su economía, el accionariado, la empresa en sí misma.

Es decir, que el futuro de las redes sociales pasaría por la transformación de los usuarios en accionistas, bien como activos de una plataforma diseñada por terceros, bien como producto de la generación de una red horizontal que surgiera con esa premisa.

El ‘Manifiesto Cluetrain‘ requiere, pues, de una vuelta de tuerca. En éste se reconoce el papel protagonista del usuario en los nuevos modelos de negocio en la Red, pero sólo en lo que a participación, valor e influencia se refiere, como objetos de negocio en un modelo abierto, transparente y participativo, pero no como socio activo.

En ese sentido, su papel se limita a la dinamización de la red y creador de valor para la plataforma, que pone a su disposición el servicio y a cambio explota sus datos personales y la aportación de contenidos a través de canales como la publicidad. Esto pudo suponer (y de hecho, supuso) toda una revolución a principios de la pasada década, pero hoy, 10 años después, está superado: no sólo los mercados son personas, las personas también quieren ser el mercado.

Y no hablamos sólo de una ‘conquista social’ que pudiese perjudicar los intereses de los desarrolladores. No, hablamos de un modelo que dotaría a las redes de la potencia, estabilidad y viabilidad de la que han carecido hasta el momento. Un usuario-accionista aporta un grado de fidelidad, dedicación y defensa de la marca que ni las plataformas más consolidadas del panorama actual podrían soñar. Un usuario-accionista sería también el mejor usuario-consumidor, porque en el éxito del modelo de negocio va también su propio éxito… Hablamos, pues, de un nuevo escenario, muy similar a lo que entendemos por ‘cooperativa‘, en el que todos estén implicado en todo, y todos se beneficien de todo. Una inversión en democracia corporativa como motor de un modelo de éxito… y de futuro.

Hacía tiempo que no volvía a esta idea hasta estos días en los que Facebook se ha estrenado en bolsa, con los consiguientes vaivenes que le han llevado de la inmensas expectativas ante su salida al medio descalabro de su confrontación con la realidad. Vaivenes producto precisamente de la enorme dependencia del modelo de una masa de usuarios que, además de que en cualquier momento puede decidir cambiar de aires, por el momento tampoco muestra demasiado entusiasmo en contribuir al sostén económico del servicio. Lo que en plata viene a llamarse ‘burbuja‘.

La reflexión que hace hoy Juan Varela en su post ‘Facebook olvida a sus usuarios como accionistas‘ me parece, por tanto, muy acertada y en la línea expresada:

Facebook ha apostado el mercado convencional y se ha olvidado de su especial relación social con sus usuarios para impulsar una disrupción financiera en la economía de la abundancia. Cuando todos trabajamos para Facebook, convertir a los usuarios en accionistas y promotores de la compañía quizá hubiera asegurado un mejor futuro y un cambio tan radical en el negocio digital el que las redes sociales han impuesto en la identidad, la comunicación y las relaciones”.

Yo también creo que ése es el camino. Es una idea que me parece cada vez más apasionante y a la que sigo dándole vueltas. Y que dejo aquí para la conversación y la aportación de todos. Remito a mi post de octubre para conocer las claves que me rondan por la cabeza. ¿Ves viable y efectivo el concepto de ‘netfunding’? ¿Participarías como socio en una red social?