Reproducción digital de un dibujo en 1956

Bueno, lo de ‘obra de arte’ lo he puesto entre comillas por dos razones: primero, porque el concepto de arte es siempre relativo; y, segundo, porque no se trata de una obra original, sino más bien de la digitalización de un dibujo analógico, lo que vendría siendo en nuestros días algo similar a un escaneo.

Aclarado este extremo, por supuesto sujeto a discusión, lo cierto es que me ha parecido muy interesante el artículo de Benj Edwards en The Atlantic, que descubro vía MetaFilter, en el que relata la historia de lo que él considera ‘the world’s first computer art’ (la primera obra de arte por ordenador del mundo): la representación de una ilustración de una chica ligera de ropa en una pantalla de tubos de rayos catódicos.

La ilustración, impresa en un calendario de la revista ‘Esquire‘, es obra de George Petty; y la digitalización, realizada en un ordenador militar de 238 millones de dólares (AN/FSQ-7), cosa de un empleado de IBM cuya identidad no se revela. Todo ello a finales de los años cincuenta del pasado siglo. Según el artículo, en 1956.

Ilustración de George Petty para la revista 'Esquire' Comparativo del dibujo original y la digitalización

Según una de la versiones, si se manipulaban correctamente los mandos, las caderas de la muchacha se balanceaban hacia atrás y adelante dibujando un arco sincronizado con la música que sonaba en la consola. Si el operador acertaba con su pistola de luz en el ombligo, la falda se caía y la pantalla se quedaba en blanco”.

Atendiendo a lo cual, más que ante la primera obra de arte estaríamos ante el primer videojuego, aunque aquí también tendríamos conversación para rato porque, ¿son arte o no son arte los videojuegos?

En cualquier caso, lo que sí parece claro es que arte, videojuego o simple ocio o experimentación, lo cierto es que la relación entre el sexo y las nuevas tecnologías (‘Internet is for porn‘) viene de lejos, de muy lejos. Como para que vengan ahora los neomoralistas a censurar aplicaciones por permitir desnudos. Desnudos que, por cierto, sí que son arte. Con mayúsuculas 😉