Darktable, alternativa libre a Lightroom y Aperture

Darktable es un interesante programa ‘open source’ que compite con Lightroom, Aperture o DxO Pro en el campo aficionado o semiprofesional

darktable

Los programas de edición digital son una herramienta básica para el fotógrafo contemporáneo. Tanto a escala profesional, como ‘amateur’, se hace preciso disponer de software que emule de alguna forma a los antiguos procesos de revelado y, ya de forma generalizada, permitan ir más allá con la opción de edición avanzada, retoque o aportación creativa a través de filtros y efectos.

La mala noticia es que buena parte de estos programas, por lo general los más populares y avanzados, han sido siempre propietarios, es decir comercializados sin posibilidad de acceso libre ni desarrollo por terceros. Sus precios, por otra parte, suelen ser más bien altos, lo que los hace asequibles sólo a aquellos con cierto poder adquisitivo o capaces de rentabilizar la inversión -sector profesional, por lo general-.

Afortunadamente, en el ámbito del código abierto se han producido avances extraordinarios que hacen posible disponer hoy día de excelentes alternativas a estos programas comerciales, evidentemente en precio (suelen ser gratuitos), pero también en calidad.

En el campo de la edición y el retoque, es de sobra conocido, por ejemplo, Gimp, un producto que muy poco tiene que envidiarle a Photoshop, al menos en el segmento aficionado y semiprofesional. Sin embargo, en el área del ‘revelado’, ‘workflow’ (flujo de trabajo) y organización andábamos un poco huérfanos frente a tótems como Lightroom, Aperture o DxO Optics Pro.

Hoy descubro darktable, un desarrollo libre con cinco años de andadura que viene precisamente a cubrir ese hueco y, además, parece que lo ha hace extraordinariamente bien. Un programa de código abierto disponible sólo para Linux y Mac (si tienes Windows, también puedes instalarlo), que ofrece la mayor parte de las características de sus ‘primos’ comerciales, y otras propias de interés.

No he tenido aún la oportunidad de probarlo, pero he leído atentamente las especificaciones en su página oficial, así como análisis en sitios como Light Stalking, Caborian o Atareao, y lo cierto es que sale muy bien parado.

Así que si andabas buscando un software de estas características, y no podías o no querías costearte una licencia comercial de alguno de los grandes monstruos del mercado, aquí tienes una buena alternativa. Además, la comunidad hispana de darktable cuenta con una nutrida colección de videotutoriales en español que te pueden venir de perlas para conocer con mayor profundidad esta interesante herramienta.

Descargar y probar. Más sencillo, imposible.

La cultura del siglo XXI, ¿condenada al limbo del copyright?

Borja Adsuara plantea la contradicción entre el aumento del período de vigencia del derecho patrimonial y la reducción del ciclo de explotación de las obras

Nimbus visual

Uno de los campos de batalla de los defensores del copyright, además de la evidente lucha contra lo que denominan ‘piratería’, es el de la extensión temporal –cada vez mayor– de los derechos patrimoniales, retrasando progresivamente el paso de las creaciones a dominio público, es decir el momento en que la sociedad puede disponer libremente de la obras –respetando siempre, eso sí, los derechos morales del autor–.

El dominio público existe porque se entiende que la creación intelectual es un bien que se nutre de logros anteriores y ha de servir de base para logros ulteriores, es decir que es un bien fundamental para el desarrollo, progreso y enriquecimiento cultural de las sociedades, a las que sólo se le puede condicionar el acceso a las obras durante un tiempo limitado.

Por tanto, este empeño por aumentar paulatinamente la vigencia de la explotación, retrasando consecuentemente la consideración de dominio público, es un empeño que atenta directamente contra el equilibrio entre ambos derechos, el particular –del autor– y el general –de toda la sociedad–, y aunque pudo tener cierta lógica hasta el tercer cuarto del pasado siglo, cuando la creación cultural gozaba de un ciclo de explotación comercial amplio, hoy ya ha perdido –gracias precisamente al consumismo impuesto por la industria cultural– todo sentido.

¿Por qué? Aquí es donde entra en juego este excelente artículo, ‘La propiedad intelectual es un condominio‘, de Borja Adsuara, del que extracto los siguientes pasajes:

[Con la actual legislación] las obras, las interpretaciones o ejecuciones y las producciones no pasarán al dominio público y, por tanto, no podrán ser utilizadas libremente por la sociedad durante varias generaciones.

Al contrario, la realidad de la explotación comercial de una obra o producto cultural es que el plazo se va acortando cada vez más, teniendo que amortizarse la inversión realizada en un plazo de tiempo cada vez más breve desde el estreno de una película o el lanzamiento de una novedad editorial o musical, habiéndose reducido drásticamente las tradicionales ventanas de explotación.

Es decir, que cada vez se amplía más el plazo jurídico y se reduce el plazo real, sin tener en cuenta que, al ampliar el plazo de protección de los autores, artistas y productores, se acorta o retrasa el plazo del dominio público”.

Tengamos en cuenta que en nuestros días la vida comercial de un libro rara vez supera los cinco años; la de un lanzamiento musical, dos meses; la de la fotografía, incluida la publicitaria, mejor ni hablamos; la de la exhibición de películas en salas de cine, tres semanas, aunque aquí la vida se alarga con sus posteriores lanzamientos en soportes digitales y su ‘reciclaje’ en televisión.

¿Para qué, entonces, vigencia de los derechos patrimoniales por 50, 70, 80 o 100 años? Esto sólo le puede interesar a un reducido número de creadores, aquellos con obras que siguen generando ingresos durante décadas. Para el resto, la gran mayoría, es perjudicial porque ni obtienen ya ingresos de cierta relevancia –o nada– ni pueden beneficiarse de la difusión y nuevas posibilidades que ofrece el dominio público. Para la sociedad es sencillamente catastrófico no poder disponer libremente de esas obras durante casi o más de un siglo.

Es justo lo que viene a decirnos Adsuara. Si continuamos en la dinámica de rebajar –ley del consumo– el ciclo de explotación de las obras y aumentando el tiempo de vigencia del derecho patrimonial, lo único que conseguiremos es condenar al limbo del copyright la inmensa mayoría de las aportaciones culturales de este milenio, sin que los autores ni la sociedad se beneficien durante generaciones de todo esa caudal de creatividad y conocimiento.

Un sinsentido, otro más, en la insaciable deriva de los fundamenalistas del copyright.

Imagen: ‘Nimbus visual, 2013’, por Berndnaut Smilde (VISUAL Centre for Contemporary Art, Carlow, IE – Foto: Michael Holly)

¡Es la innovación, estúpido!

La Federación Internacional de la Industria Discográfica admite un crecimiento de sus ingresos en 2013 gracias a la venta por ‘streaming’

Streaming musical

Los ingresos de la industria musical remontan. ¿Alguien tenía alguna duda? Yo, al menos, no. Era cuestión de tiempo, el tiempo que se tardase en buscar fórmulas imaginativas que permitiesen el acceso más sencillo y barato posible al producto, que garantizasen los derechos de usuarios y creadores, que se trazaran el futuro como horizonte sin tratar de sostener modelos caducos del pasado frente al imparable avance de la tecnología…

Los recalcitrantes, obtusos e interesados fundamentalistas del copyright no han parado de achacar la disminución de las ventas a Internet, el P2P, la ‘piratería’ e incluso al usuario, el mismo que se rasca los bolsillos para mantener su negocio. Achacar, y perseguir, y criminalizar, con la connivencia de políticos y gobiernos que no han dudado en transformar leyes –o directamente obviarlas– con tal de atender las exigencias de la vieja industria cultural.

Pero, miren, ha bastado una sola de esas fórmulas innovadoras, el streaming, para tirar por la borda toda esa falaz argumentación:

Las ventas digitales de música crecieron en 2013 un 4,3% en el mundo impulsadas por el auge del streaming, según el informe anual presentado este martes en Londres por la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI). El creciente interés por los servicios de suscripción y streaming —consumo sin necesidad de descarga— contribuyó al aumento de los ingresos en la mayor parte de los principales mercados musicales durante 2013. Según la IFPI, el mercado digital representó el año pasado el 39% del total de los ingresos discográficos, comparado con el 34% de 2012″.

Bueno, sí claro, pero eso es gracias al descenso en el número de descargas por la efectividad de las leyes antipiratería, ¿no? ¡No! La ‘piratería’ musical sigue en ascenso… según la propia industria:

Las industrias del cine y la música están sonando nuevamente la alarma de la piratería en internet al decir que las descargas ilegales están aumentando y que los motores de búsqueda como Google no están haciendo lo suficiente para detenerlas”.

Erre que erre. Pero, desde luego, lo que no pueden alegar es ignorancia ni ausencia de alternativas.

Google: “Menos represión y más innovación”

Google recomienda por carta al Gobierno de Australia que apueste por nuevos modelos de negocio antes que por la represión para combatir la ‘piratería’

La piratería es un problema de disponibilidad y precios. No se combate con leyes draconianas, sino promoviendo nuevos modelos de negocio”.

Logo de la Free Culture Research Conference

El ministro australiano de Comunicación pidió el año pasado a varias empresas opinión acerca de la reducción de regulación en varios aspectos de su área de actuación, entre los que se encontraba la futura legislación sobre copyright.

La cita que abre el post es la versión condensada de la carta de respuesta de Google, una de las compañías a las que se cursó invitación, a la que ha tenido acceso TorrentFreak.

Al margen de que no compartamos el término ‘piratería‘ aplicado al intercambio de archivos sin ánimo de lucro, la respuesta me parece como para enmarcar, ya que se puede decir más alto, pero no más claro: si algo necesita el mundo de la cultura, del comercio y de la empresa en esta era son menos leyes y más innovación, menos puertas al campo y mucha más imaginación.

Google advierte también de cosas que ya sabíamos, que la represión en este ámbito es contraproducente, y que las ‘soluciones’ que se intentan aplicar en base al modelo coercitivo son caras y de dudoso resultado.

Si Wert se hubiese preocupado de preguntar a sectores distintos a la industria y adláteres sobre la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, seguro que también habría tenido acceso a opiniones tan útiles, inteligentes e interesantes como éstas. Pero ha preferido ceñirse a los dictados de la vieja guardia, el inmovilismo y las imposiciones con fecha de caducidad.

Y así nos va

Getty Images, crónica de un proceso anunciado

Getty Images permite el uso de parte de sus imágenes a través de un código, certificando la necesidad de revisar los viejos modelos de derechos de autor

Nuevo sistema de inserción de Getty Images

Getty Images, una de las mayores agencias de venta digital de imágenes e ilustraciones –también vídeo y música– bajo la fórmula de stock, se ha convertido en los últimas días en epicentro del debate sobre la gestión de copyright y derechos de autor en Internet en el ámbito de la fotografía. ¿El motivo? Su cambio de modelo negocio, pasando de un sistema restringido de ventas a permitir el libre, pero condicionado, uso de un amplio porcentaje de sus fondos gráficos (se habla de unos 35 millones de imágenes) a través de un código iframe que se puede insertar en blogs y webs.

De esta forma, cualquiera que gestione una página en la Red puede ahora reproducir de forma ‘gratuita‘ aquellos contenidos permitidos por la agencia, siempre y cuando no lo haga con un propósito comercial. Además, Getty ha decidido crear una tarifa plana (descarga de 25 imágenes al día por 249 dólares al mes) para su plataforma ‘menor’ iStock, adquirida por la compañía en 2008.

Dos iniciativas, especialmente la primera, que ha levantado las alarmas entre sus competidores y entre los fotógrafos que entienden que este modelo vulnera sus derechos o que limita las posibilidades de rentabilizar sus creaciones.

¿Pero qué gana Getty Images con esta jugada? ¿Se ha vuelto loca ofreciendo gratis aquello por lo que la gente tendría que pagar? En absoluto. Con esta nueva fórmula, que por otro lado no elimina su tradicional línea de venta –no olvidemos que cualquier uso comercial (revistas, periódicos, web corporativas…) debe seguir pasando por caja–, Getty pretende varias cosas: visibilidad y presencia –a través de la difusión que blogs y webs pueden hacer de su stock–, posicionamiento en el mercado de datos –el código de inserción permite el rastreo y registro de datos de los usuarios que visitan las páginas donde se encuentra (país, IP, duración de la visita…)– y, de cara al futuro, explotación de esos espacios ‘gratuitos’ a través de publicidad añadida. Es decir, un modelo muy similar al que lleva tiempo desarrollando con éxito, por ejemplo, YouTube. ‘El YouTube de la fotografía‘, precisamente, lo han llegado a denominar.

¿Y qué ganan los fotógrafos? Evidentemente, también difusión de su obra, por tanto mayores posibilidades de venta y, según la compañía, en el futuro también una parte, proporcional a la demanda de su obra, de las ganancias obtenidas por la compañía a través del código.

Asistimos, pues, a la ‘crónica de un proceso anunciado’. Un proceso, el de la utilización del enorme poder de difusión que ofrece el copyleft para la comercialización final de cualquier producto, anunciado desde hace años por todos aquellos que vemos en la ‘cultura libre‘ un modelo perfecto para el engranaje de los derechos de autor con las nuevas posibilidades y sensibilidades derivadas de las nuevas tecnologías.

Un debate que se ha centrado principalmente en los últimos años en el cine y la música, pero que tiene en la fotografía –y el periodismo, la literatura…– otros importantes campos de batalla.

Más allá de los reduccionismos ridículos e interesados que hablan de ‘piratería’ o ‘gratis total’ promovidos por la industria tradicional, la liberalización de contenidos se presenta como uno de los ejes fundamentales para el desarrollo de un nuevo modelo económico en Internet, de los modelos empresariales del siglo XXI.

Soy fotógrafo-colaborador de Getty Images desde 2009. Aporté algunas imágenes los primeros meses de mi vinculación a la plataforma, pero perdí el interés poco tiempo después. ¿La razón? El escaso rédito económico, por un lado; y por otro, la imposibilidad de utilizar las imágenes agregadas donde yo quisiera, aunque las tuviese licenciadas con Creative Commons. Si no ganas nada y tampoco puedes difundir tu obra, ¿dónde está la gracia?

Este nuevo paso me atrae un poco más. Como fotógrafo, al que aportar trabajos no le va a suponer renunciar a su difusión; y como usuario, que tiene a su disposición un enorme stock de imágenes de calidad media-alta.

El sistema no es nuevo. Las dos principales redes sociales de fotografía, 500px y Flickr, permiten desde hace tiempo la inclusión de imágenes en otras webs –500px, que también funciona como tienda online, a través de iframe; y Flickr, a través de diversos medios–. Pero sin duda estamos ante un movimiento relevante en la dirección adecuada, en ese proceso hacia la renovación de los parámetros del comercio y la empresa en la era digital y, por tanto, del replanteamiento de los cada vez menos sostenibles fundamentos del copyright y los derechos de autor heredados del pasado siglo.

Canon Aede: Yo SÍ renuncio

El Anteproyecto de Reforma de la LPI dicta que los creadores de contenidos tendremos el “derecho irrenunciable” de cobrarle a los agregadores por las citas

Rebeldía

Cuando uno sueña con que la cosa no puede ir a peor… llega Wert y te despierta. Tras el revés que supuso la aprobación de la ‘Ley Sinde‘ (desde entonces ‘Ley Sinde-Wert’) a pesar de las históricas movilizaciones en la Red, nos enfrentamos ahora a otro ataque frontal a las libertades, los derechos individuales y la innovación. ‘Ley Sinde’-Reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI)… ¿Odiabas el caldo? Toma dos ‘tasas’.

He leído con atención casi todo lo publicado estos días acerca de la mal llamadatasa Google‘, ese añadido de última hora al anteproyecto de reforma de la LPI, y mi indignación ha ido, de forma paralela y causal, en aumento. Y no por lo que puede tener de batalla legal entre gigantes, allá los editores españoles si quieren hacer el ridículo como ya lo hicieron sus colegas belgas, alemanes o franceses. Que los de aquí también tienen derecho, oiga.

Canon Aede

Mi indignación tiene que ver con que, en realidad, tras eso de la ‘tasa Google’ lo que se esconde es un atentado en toda regla contra los fundamentos de Internet y de la propia comunicación (enlace, cita…), pero también contra un derecho individual básico: el de que cada cual pueda ofrecer su obra bajo las condiciones que considere oportunas. Todos tendremos que cobrar –aunque no quieras, aunque ofrezcas tu obra con licencia libre–, y cobrarlo a través de una entidad de gestión, llámese Cedro o Aede –pertenezcas a ella o no–, que luego repartirá sus ganancias entre sus socios –estés tú entre ellos o no– según el criterio que les parezca.

Sí, porque aunque aún no se ha hecho público de forma oficial el texto íntegro de este nuevo esperpento de ley, sí parece claro (.docx) que cobrarle a los agregadores (Google News, Yahoo News, Menéame, Twitter…) por reproducir tus titulares y “fragmentos poco significativos” de tus textos será un “derecho irrenunciable” que afectará no sólo a los grandes medios, sino a todos los que publicamos en la Red de forma más o menos regular. Un blog, por ejemplo:

¿Y qué ocurrirá con los medios y blogs que no pertenezcan a AEDE o CEDRO o que publiquen con licencias copyleft? Al ser un derecho irrenunciable, a pesar de no ser miembro de AEDE o incluso tener una licencia de uso copyleft en un blog, que de antemano permita la difusión y comunicación completa de las obras periodísticas, las entidades de gestión, en este caso CEDRO, tienen capacidad para recaudar en su nombre”.

¿Derecho irrenunciable? ¿Desde cuándo un derecho puede ir en contra de la persona a la que se supone que beneficia? ¿Desde cuándo se le puede imponer a alguien un derecho? ¿Qué diferencia, pues, al derecho de la obligación? ¿Y del castigo? Impresionante.

No soy jurista, no tengo muy claro los aspectos legales ni la verdadera dimensión de este “derecho irrenunciable”, pero tenga la trascendencia que tenga, advierto desde ya que yo sí renuncio. Renuncio a que alguien me pague por robar difundir mis textos a través de enlaces, citas o titulares. Renuncio a que alguna entidad escogida a dedo y con la que no guardo ninguna relación pueda recaudar dinero en mi nombre. Renuncio a que esa entidad se reparta ese botín a mis espaldas. Renuncio, en definitiva, a formar parte de esta estúpida componenda.

Tú también puedes. O, al menos, lo puedes intentar.

Mi música, en SoundCloud

Dos trabajos de larga duración, muestra de una colección inédita y otra instrumental, 29 temas en total, forman parte desde ya de mi perfil en SoundClound

Finalmente me he decidido a subir el grueso de mis creaciones musicales a SoundCloud, tanto los trabajos publicados, como aquellos incluidos en preproducciones y maquetas que me apetece compartir.

Lo he hecho por dos motivos básicos. El primero, porque de esa manera libero al servidor de una importante carga –espacio y ancho de banda–; y el otro, porque me viene de perlas para un nuevo proyecto que estoy poniendo en marcha y del que ya tendrán noticia por aquí.

Sin embargo, hay otras ventajas añadidas en esta plataforma. SoundCloud funciona como una auténtica red social de músicos, alquimistas del audio y usuarios a los que les gusta descubrir, apoyar y compartir nuevos grupos, solistas, temas o sonidos. Desde SoundCloud puedes votar, comentar y, sobre todo, compartir lo que te parezca oportuno, tanto en tu web o blog, como en algunos de los principales servicios de la Web 2.0.

Por si fuera poco, las opciones de integración en páginas son sencillamente excelentes, con gráficos muy bien trabajados y con ese punto de flexibilidad que necesitamos aquellos que diseñamos entornos web para adaptar los contenidos a nuestras plantillas.

Te dejo por aquí dos de las ‘playlists’ que he elaborado + un tema de apertura. Y ya sabes, si quieres encontrarme a mí y mi música en SoundCloud, no tienes más que acceder a mi perfil. Todos los temas están listos para escuchar y descargar con una licencia Creative Commons by-nc-sa 3.0.