Dancing in the zoo

Si el camello depresivo que decidió acabar sus días empotrándose contra el coche de Kfir Ohana hubiese tenido quien le regalara conciertos de Mozart, probablemente a estas alturas seguiría paseando sus jorobas por el desierto de Neguev. Otras, como ‘Suma’, han tenido más suerte. Y es que no hay nada como vivir en un zoológico y beneficiarse de los más altos logros del genio humano sin temor a que venga la SGAE a cobrarte unos canoncitos.

Claro que si los humanos hiciesen lo propio no acabarían devorando clavos como posesos ni atribuyendo el cambio climático a la conspiración de una potencia extranjera.

Si alguna vez te ves tentado a poner a prueba cuánto de inteligencia o cuánto de neuronas alberga aún tu cerebro de homo sapiens estresado, recuerda que siempre habrá una copia de alguna creación de Mozart más cerca de ti de lo que piensas.