insultos

A través de un post de Nacho de la Fuente, me acabo de unir a un grupo en Facebook promovido por Miguel Ángel Jimeno a favor del ‘fair play’ en los comentarios de los medios de comunicación digitales. Me he resistido un poco al principio, porque aunque estoy completamente de acuerdo con el fondo, no me parece adecuado el planteamiento de enfrentar el derecho a la libertad de expresión con otros derechos fundamentales, tanto en cuanto la libertad de expresión no sólo no puede ir nunca contra otros derechos, sino que es precisamente la garantía de ejercicio de gran parte de ellos.

Me explico. El grupo en cuestión se llama ‘Por el control de la barra libre en los comentarios de publicaciones online‘ y aboga por:

dar un paso más en el periodismo digital para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”

Por un lado, yo extendería el ámbito a toda la Web, ya que el insulto, el ataque personal, la descalificación, la acusación gratuita, el menosprecio o el trollismo no son exclusivos del periodismo digital, aunque bien es cierto que en este terreno la mayor parte de las empresas hacen dejación de su responsabilidad de servicio público y admiten prácticamente de todo en aras del tráfico, el ‘morbo’ al servicio de las estadísticas web. Y, en ese sentido, no me parece mal comenzar por ahí, pues puede servir de ejemplo para el resto de gestores de publicaciones online.

Pero lo que realmente me parece a todas luces mejorable es la expresión “para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”.

Quienes insultan, atacan ‘ad hóminem’, descalifican, acusan gratuitamente, menosprecian o trollean a sus anchas, dentro o fuera de la Red, no están en ningún caso amparados por el derecho a la libertad de expresión, ni podemos cuestionar ésta por la acción de aquéllos. Quienes actúan y se manejan de esa manera no sólo se sitúan fuera de sus parámetros, no por encima o por debajo, sino decidida y beligerantemente frente a ella.

No hay una sola carta internacional o nacional que reconozca la agresión verbal o escrita como parte de la libertad de expresión. La libertad de expresión garantiza el derecho a opinar y a informar y ser informado, nada menos y nada más. Está meridianamente expresado, por ejemplo, en el artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos:

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Y prácticamente todas las constituciones del mundo que reconocen este derecho matizan claramente los límites de esa libertad de expresión, entre ellas la española (Artículo 20.4):

Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

Por lo que cuando hablamos de agresión verbal o escrita no podemos hablar en ningún caso de libertad de expresión, sino al igual que su extremo contrario, la censura, de atentado contra ella. Es precisamente el insulto y la injuria el caldo de cultivo ideal donde el censor, el enemigos de las libertades, encuentra la excusa perfecta para limitar, si no conculcar ese derecho fundamental.

Al igual que la libertad sexual no habilita a nadie para la violación física, moral o psicológica de una persona; la libertad de expresión tampoco justifica la violación verbal, gráfica o literaria de nadie. Esas conductas pervierten y empobrecen estas importantes conquistas de la humanidad.

Y creo que somos ya todos mayorcitos para saber dónde está la frontera entre insulto y opinión. Igual de mayorcitos e inteligentes como para defender nuestras opiniones sin necesidad de recurrir a burdas maniobras de tertuliano de TV.

Junto al grupo de Facebook al que he hecho referencia, me he animado a escribir este post tras la publicación de una excelente reflexión de Enrique Dans sobre la ‘conversación’ en el ámbito político, un sector al que, junto a los males generales de los comentarios en la Red, hay que añadir los ataques organizados por detractores políticos, derivando en debates que casi nunca llegan a nada y que espantan a cualquier usuario ajeno a las cutrebatallas de partido o de elementos recalcitrantes.

Creo que aún queda mucho por recorrer, y que puede que el tiempo, una adecuada alfabetización digital y ciudadana, y la responsabilidad de los gestores de páginas logremos hacer de los foros de debate lugares para debatir ideas e intentar el entendimiento. Pero por lo pronto, como digo, me sumo a aquellas iniciativas que vayan en esa dirección, especialmente en territorios de tanta repercusión como el periodismo.

Eso sí, cambiando el lema:

para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”

por algo así como:

para defender la libertad de expresión de los ataques al respeto, a la responsabilidad y a la ética profesional”

Digo.