google+

Me gusta Google+. No sólo por lo que representa de competencia seria a Facebook, siempre tan necesaria para evitar los desajustes inherentes a cualquier ‘monopolio’, sino porque realmente me parece una herramienta bien trabajada, ‘usable’, clara y eficaz para el propósito que debe tener toda buena red social.

Su penetración es sorprendente, supera ya los 25 millones de usuarios, aunque en su gran mayoría ‘early adopters‘ provenientes de sectores tecnoógicos, principalmente ingenieros, desarrolladores y todos los que nos dedicamos o interesamos por esto de la Web 2.0. Habrá que esperar a ver qué recibimiento tiene por parte del ‘gran público’ internauta. No hay que olvidar que 25 millones es apenas algo más que el 1% de las más de 2.000 millones de personas conectadas en todo el mundo a Internet.

Ahora bien. Creo que Google+ ha cometido dos errores de bulto en su planteamiento inicial: las restricciones que ha decidido imponer a los perfiles anónimos y a las cuentas de corporaciones (empresas, instituciones, principalmente).

Anonimato: Google+ pretende combatir el mal uso de los perfiles con la prohibición de cuentas falsas, es decir exigiendo nombres y apellidos reales que se puedan verificar. El objetivo, desterrar las malas prácticas tan habituales en Facebook, Twitter y, en general, cualquier herramienta de la Web 2.0, parece plausible, pero la solución, a mi entender, errónea.

El anonimato es uno de los mejores aliados de la libertad de expresión. Permite el ejercicio de la información y la opinión en estructuras intolerantes, pero también permite a cualquier persona preservar su identidad por los motivos que sean. Lo primero es excelente y lo segundo no tiene por qué ser malo, salvo que ese anonimato se convierta en un arma de agresión precisamente contra las libertades de información u opinión de otros usuarios.

Creo que Google+, y la inmensa mayoría de los servicios 2.0, disponen de herramientas más que suficientes para controlar esta última situación, es decir a trolls y spammers en cualquiera de sus expresiones: eliminación de comentarios, bloqueo de usuarios, denuncias de malas prácticas o de usurpación de identidad…, aunque también es cierto que no en todos los servicios estas herramientas funcionan siempre de la forma más rápida y eficaz que nos gustaría. Pero existen, y tan sólo deben ser mejoradas.

Por tanto, optar por una medida tan drástica como la de prohibir el anonimato no tendrá efectos sólo sobre las malas prácticas, sino que en realidad afectará de modo sustencial a la libertad de expresión y el derecho a la intimidad o la propia imagen en la red, restándole en consecuencia un enorme potencial.

El gran paso que podría haber dado (y aún puede dar Google+) es el de perfeccionar las herramientas de control de los abusos. Hacerlas realmente rápidas, útiles y efectivas. Y, aunque soy consciente de que para eso se precisa de un capital de gestión humana importante, lo cierto es que ahí se apuntaría otro importante tanto frente a Facebook y el resto de servicios 2.0. Y no todo lo contrario, que es lo que puede ocurrir si se mantiene esta extrema prohibición.

Corporaciones: ningua red social ni servicio 2.0 de carácter general y abierto que se precien pueden lanzarse a la Red, en plena segunda década del siglo XXI, limitando la participación a alguno de los sectores de los que se va a nutrir. Y aun menos si esos sectores son tan importantes para su pervivencia económica y ‘social’ como las empresas y las instituciones.

El hecho de que Google+ recomiende, limite, ‘prohíba’, desapruebe la presencia de estos perfiles “hasta que se creen las páginas específicas para ellas” es un error de bulto que también puede reportarle negativas consecuencias.

Y es un error por el simple hecho de que esta segunda década del siglo XXI, la Web 2.0 no es sólo un espacio para la interconexión personal, sino también una gran plataforma profesional en la que gabinetes de comunicación y de marketing trabajan denodada y especializadamente en lograr sus objetivos.

Por tanto, la aparición de cualquier nueva herramienta de trabajo requiere de una inmediata puesta a punto y de experimentación en dichos profesionales, precisamente para lograr participar, entender, aportar y sacarle el mayor provecho posible de sus caraterísticas específicas.

Pretender que estos profesionales esperen a un-no-se-sabe-muy-bien-qué-que-llegará-no-se-sabe-muy-bien-cuándo es también un error mayúsculo que sólo conseguirá postergar ‘sine die’ la dinamización ‘social’, profesional, coporativa y económica de la herramienta.

Lo suyo, en mi opinión, es haber pensado bien en este aspecto y haber habilitado esas páginas o secciones específicas ya incluidas en el lanzamiento general de la Red, o apenas con unas semanas de distancia, si se hubiese tenido que escalonar. Pero no, desde luego, mucho más. Tanto más que aún hoy seguimos sin tener noticias claras del cuándo y cómo podrán comenzar a participar con todas las de la ‘ley’ en Google+ ni las empresas ni las instituciones.

Y esto del ‘social media’ está ya muy avanzado… Y todo va muy, pero que muy rápido 😉

Actualización inmediata: Creo que una buena solución para servicios que se lancen de forma incompleta, como es el caso de Google+ con las corporaciones, es la de ‘beta tester‘, una zona cerrada en la que los usuarios puedan ir conociendo la herramienta sin afectar a la red general. Los profesionales de las distintas corporaciones podrían realizar su trabajo y avanzar lo suficiente para cuando el modelo sea público y operativo. Es algo ya inventado. Me sorprende que Google no haya pensado en esto.