'La Tercera Revolución Industrial', de Jeremy Rifkin

Nuestra civilización se encuentra en una encrucijada. El petróleo y los otros combustibles fósiles que definieron el modo de vida industrial han entrado en un irreversible declive, y las tecnologías construidas y alimentadas con esas fuentes de energía están ya anticuadas. Toda la infraestructura industrial erigida sobre los combustibles fósiles está envejecida y deteriorada. De resultas de ello, el desempleo está aumentando en todo el mundo hasta niveles peligrosos. Los Estados, las empresas y los consumidores están asfixiados por las deudas y los niveles de vida caen en picado por doquier. Los seres humanos que afrontan una situación de hambre y desnutrición han lacanzado ya la cira récord de los mil millones (casi una séoptima parte de la raza humana (…).

A mediados de la década de 1990 columbré que se avecinaba una nueva convergencia entre comunicación y energía. La tecnología de Internet estaba a punto de fusionarse con las energías renovables y, con ello, de crear una nueva y potente infraestructura para una Tercera Revolución Industrial (TRI) que iba a cambiar el mundo. En esa era que ahora llega, centenares de millones de personas producirán en sus casas, en sus oficinas y en sus fábricas su propia energía verde, y compartirán unas con otras una ‘Internet energética’, de igual modo que ahora creamos y compartimos información en línea. La democratización de la energía traerá consigo un reordenamiento fundamental de las relaciones humanas y repercutirá en la manera misma en la que hacemos negocios, gobernamos la sociedad, educamos a nuestros hihos e hijas, y nos implicamos en la vida cívica”.

La Tercera Revolución Industrial‘, Jeremy Rifkin

Rifkin no es un ‘perroflauta‘, un ‘nonista’ ni un activista antisistema. Tampoco es un loco o un soñador. Ni siquiera es, en términos de política clásica, socialista o comunista. Ni sindicalista es, vaya. Es, entre otras muchas cosas, un reputado economista, profesor de la Universidad de Pensilvania, que ejerce de asesor de jejes de Estado (lo fue de Al Gore) y de empresas en todo el mundo.

Eso sí, sus análisis y su visión de la realidad le han llevado a interpretar que estamos ante un momento crucial de la historia, ante un cambio de era en el que todos nos jugamos mucho. Un cambio que viene derivado, como casi todo, de las condiciones económicas: del fin de un modelo industrial ‘sucio’ y ya agotado a un modelo verde cuyas enormes posibilidades apenas si somos aún capaces de atisbar.

Internet energética

Y, como todo cambio en el modelo económico, éste tendrá su reflejo en el modelo político. En una nueva democracia, más participativa, colaborativa, directa, abierta y transparente en la que la Red juega y seguirá jugando un papel fundamental.

No sólo otra economía es posible, sino que parece ya inevitable, aunque el proceso se presenta, para qué negarlo, más bien repleto de dificultades. Una transformación en la que todos debemos poner lo mejor de nosotros mismos y permanecer vigilantes para evitar que los estertores del viejo modelo entorpezcan o acaben arruinando definitivamente ese nuevo salto cualitativo hacia adelante que afronta la humanidad.