Periodismo ciudadano

Sí, sé que el título del post es algo más que provocativo y que merece un pertinente ejercicio de matización, pero surge como respuesta a ‘Diez motivos para manifestarse‘, el manifiesto al que se acoge la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) para sustentar la movilización convocada para el próximo jueves, 3 de mayo, desde la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape) al objeto de denunciar la situación de precariedad por la que atraviesa la profesión periodística. Un manifiesto que me parece algo viejuno, insuficiente y especialmente reaccionario en algún punto concreto.

No me malinterpreten, apoyo sin fisuras la defensa de la dignidad laboral del periodista, un sector que, como muchos otros, está sufriendo los embates de la crisis global y la galopante degradación de los derechos adquiridos por los trabajadores, si bien con agravantes como la errática deriva de las empresas editoras en las últimas décadas y los cambios de modelo impuestos por la irrupción de las nuevas tecnologías.

Apoyo que, sin embargo, no evita que muestre mi sorpresa y mi posición crítica ante una declaración de intenciones que bien podría haber tenido sentido hace unos 20 o 30 años, cuando el periodismo aún se manejaba en el concepto tradicional de ‘garante’ (y, a la vez, ‘monopolio’) de la información, las empresas aun mantenían el rumbo del compromiso con la sociedad por encima del compromiso con el balance de resultados y, sobre todo, la impresionante revolución tecnológica y la consecuente democratización de la comunicación eran apenas sueños de videntes del ramo, materia pra una novela de ciencia ficción.

Y digo esos años y no antes porque, a pesar de lo expuesto, ya en esos momentos había síntomas evidentes de que el ‘status quo’ del periodismo, en sus dimensiones empresarial (incipientes pero progresivos despidos y rebajas en las condiciones laborales), social (cada vez más evidentes alineamientos con sectores políticos y económicos) y profesional (la informática entraba en las redacciones e Internet tocaba a las puertas), comenzaba a quebrase.

El manifiesto de la APM es, por tanto, de otro tiempo. De un tiempo en el que uno podía hablar de ‘garantes’ de los derechos constitucionales o de ‘intrusismo’ casi sin ruborizarse, porque en eso había cierto consenso también entre la sociedad. Pero un manifiesto que no recoja a día de hoy los tremendos cambios experimentados y la realidad a la que se enfrenta el periodista de este siglo XXI a todos sus niveles resulta simplemente inservible e inasumible por la sociedad en su conjunto, por las empresas del ramo ni por el Gobierno de turno, pero tampoco por aquellos periodistas que se preocupan no sólo por sus emolumentos y su puesto de trabajo, sino también y sobre todo, porque es el asunto principal, por su adaptación o reinvención frente a los nuevos retos.

Éstos son los ‘Diez motivos para manifestarse’ de la APM, y yo sólo realizaré algunas consideracines a continuación:

1. Porque somos periodistas y nuestro deber es elaborar informaciones veraces, rigurosas, contrastadas y contextualizadas, no simplemente rellenar espacios vacíos en los medios de comunicación.

2. Porque no podemos aceptar ruedas de prensa sin preguntas y debemos acabar de una vez por todas con la estrategia de negar explicaciones a los ciudadanos #sinpreguntasnocobertura.

3. Porque no queremos ser meros distribuidores de información elaborada por los poderes políticos, económicos, culturales, deportivos y de cualquier otro sector

4. Porque defendemos un periodismo libre de presiones y servidumbres políticas y económicas que nos devuelva la credibilidad ante la ciudadanía.

5. Porque los periodistas queremos asumir, con todas sus consecuencias, nuestro papel de garantes del derecho constitucional de los ciudadanos a una información veraz.

6. Porque demandamos una retribución digna por nuestro trabajo #gratisnotrabajo.

7. Porque no queremos que puestos estructurales de las redacciones sean ocupados por becarios y porque nos oponemos frontalmente a la desaparición de las redacciones de los periodistas experimentados, a los que se reemplaza con contratos de salarios indignos.

8. Porque queremos que se ponga remedio a la destrucción masiva de puestos de trabajo que están aplicando los editores en los medios de comunicación.

9. Porque queremos defendernos del intrusismo en nuestra profesión.

10. Porque rechazamos que los empresarios de los medios de comunicación antepongan los intereses económicos al derecho de los ciudadanos a estar verazmente informados, obviando los principios éticos y deontológicos de la profesión periodística”.

– Nada que objetar respecto a los puntos #6, #7 y #8, defensa clara y necesaria de la dignidad y condiciones laborales.

– Lo mismo en cuanto a los puntos #1, #2, #3, #4 y #10, en la línea de defensa de la profesión en el marco de la libertad de información y de expresión.

– En el punto #5, sin embargo, se introduce un elemento cuanto menos sorprendente por corporativista y mesiánico. ¿Pero en qué parte de la Constitución o de cualquier otra norma se le asigna al periodista semejante consideración, la de ‘garante del derecho constitucional de los ciudadanos a una información veraz’? ¿Se los digo? ¡En ninguna! La Constitución (artículo 20) reconoce y protege el derecho de todos los españoles ‘a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción’ y ‘a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión’. Cierto que, en teoría, el periodista y los medios de comunicación han de estar comprometidos con ese derecho a la información, pero también, por pura coherencia, con aquellos otros derechos que le son consustanciales y el primero de ellos es, sin lugar a duda, el de la libertad de expresión. Pero no como ‘garantes’ sino como ‘militantes’, como ciudadanos comprometidos en la defensa de un bien común imprescindible para el ejercicio de su profesión y de la democracia. Sin embargo, no hay referencia alguna en este punto a la libertad de expresión ni a los múltiples ataques a la que se está viendo sometida en los últimos tiempos, también en España.

Quizás un enunciado del tipo:

5. Porque los periodistas queremos asumir, con todas sus consecuencias, nuestro compromiso con los derechos constitucionales de los ciudadanos a comunicar o recibir información veraz, y a a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones.

Hubiese sido mucho más correcto y preciso, y absolutamente mucho más compartible, humilde y terrenal.

– Pero es el punto #9 el que se dale directamente del guión, el que pervierte el objeto de la reinvidicación y el que impide que pueda compartir este manifiesto bajo ninguna de las maneras. ¿Intrusismo? ¿Aun hay quien esgrime este término para distribuir etiquetas de periodista? ¿Qué es un intruso en esta profesión? ¿Todo aquel que no tenga la licenciatura? ¿El que haya culminado tres cursos y la haya abandonado porque le surgió un puesto de redactor? ¿El que finalizó la carrera a regañadientes porque, en realidad, quería estudiar Medicina pero no pudo acceder? ¿El que cuenta con el título, pero es incapaz de redactar una frase completa con cierto sentido y sin faltas de ortografía? ¿El que no huele una noticia, con título o sin él, ni aunque se le estampe en la cara? ¿El tertuliano del corazón? ¿Los miles de profesionales contrastados que han enriquecido los periódicos, radios y TV aportando su conocimiento y su opinión? ¿Los profesionales sin licenciatura que se han convertido en historia y referencia del mejor periodismo universal? ¿Los grandes directores que jamás han pisado la Facultad? ¿Qué es el intrusismo? Porque no me aclaro.

Las primeras escuelas de periodismo surgieron a principios del siglo XX y no fue hasta la mitad de esa centuria que se implantó de forma global su estudio como carrera universitaria. Antes de eso hubo muchos y excelentes periodistas. Y después de eso siguió habiendo muchos y excelentes periodistas que no pasaron por escuela o facultad específicas. Hoy también los hay, y los habrá mañana porque, quien a estas alturas continúe defendiendo que el ejercicio del periodismo se aprende en la universidad, es que no ha entendido nada. No sabe lo que es periodismo y, lo que es peor, pretende cercenar ese derecho fundamental del ejercicio de la información y de la libre expresión al resto de los mortales.

Quizá se refiera el manifiesto a algo muy concreto en lo que podríamos tener algún punto de acuerdo: a aquellos que, amparados en medios sin escrúpulos, protagonizan sonrojantes espacios, zafios, hirientes, injuriosos, de seudoinformación o seudoopinión. Pero entonces llamemos a las cosas por su nombre, porque son un grupo muy reducido, aunque ciertamente de gran impacto. Y son un grupo, como digo, amparado por unas empresas que le dan pábulo y cobijo. ¿Se puede prohibir esto por ley? Lo veo difícil y desaconsejable, porque en este campo resulta siempre muy fácil abrir puertas a la censura. Mejor dicho, ya hay leyes y garantías constitucionales que limitan estos excesos, aunque no siempre tienen la resolución esperada. Pero, por otro lado, no se me ocurre mejor fórmula para combatirlo que la denuncia, acompañada precisamente de lo que se habla en el resto del documento: del aumento de la calidad, que pasa por el respeto a la dignidad profesional y a las condiciones laborales. Y por el compromiso con los derechos y las libertades.

Descubrir la palabra ‘intrusismo’, así sin más, en un texto sobre periodismo chirría sobremanera, por lo que tiene de indocumentado, perverso, injusto y rancio. Hoy, que las nuevas tecnologías han bendecido la descentralización y democratización de la comunicación, y que están haciendo efectivos esos derechos constitucionales a comunicar y ser comunicados, ‘intrusos’ los seríamos todos, porque ya cualquier ciudadano puede abrir un blog o utilizar alguna red social para informar y ser informado, ejercitando eso que se ha dado en llamar ‘periodismo ciudadano‘, que a algunos podrá gustar más o menos, pero con el que ya es seguro que habrá que convivir. Y no sólo convivir, sino incorporar, interactuar y utilizar en el marco de ese nuevo modelo al que antes me refería y que determinará probablemente la era más rica y distribuida de la información, de la comumicación y del periodismo, sea esto lo que en el futuro sea. Y, evidentemente, también de una mejor democracia: todos seremos beneficiarios, todos seremos actores y todos seremos ‘garantes’.

Hoy, incluso más que ayer, sin ‘intrusismo’ no hay periodismo y, sin periodismo, efectivamente, en ese concepto de ejercicio de las libertades de información y expresión, tampoco hay democracia.