buenafuente

Nunca he tenido a Andreu Buenafuente por un detractor del copyright o defensor a ultranza del copyleft, el P2P o la cultura libre (a pesar de utilizar vídeos de YouTube en su programa). Nunca he visto ni oído una manifestación suya que apoye tal percepción. Todo lo contrario, me ha parecido siempre una persona adscrita al régimen de la propiedad intelectual, pero con la habilidad suficiente para navegar entre corrientes: la de no disgustar a buena parte de su audiencia ‘internetera’ y la de no traicionar a los suyos. El humor es un arma poderosa para el disimulo y, utilizado con maestría, ideal para la promoción personal y la indefinición. Buenafuente es un maestro del humor.

Por eso me ha sorprendido el revuelo que se ha armado tras su entrevista a González-Sinde, sólo achacable a la tremenda ingenuidad de la que pecamos buena parte de los integrantes de la comunidad digital y que consiste en revestir de un halo cuasibeatífico a toda aquella personalidad pública que abre cuenta en Twitter, Facebook, Tuenti, Blogger o YouTube. Como si agenciarse un avatar provocara una metamorfosis personal, como si la oportunidad (obligación casi en los tiempos que corren) de comunicarse (y promocionarse) en la Red lo convirtiese a uno en algo especial, divino y extraordinario. Como en la España folclórica del tardofranquismo, diera la impresión de que ‘en la Interné, tol mundo e güeno’. Es decir, todo el mundo comparte los ideales y reivindicaciones fundamentales de la comunidad internauta. Y no es así.

El caso es que Buenafuente se ha enfadado mucho con aquellos que se han enfadado mucho por lo que entienden una entrevista light a la ministra y, por tanto, una traición a las posiciones de defensa de un cambio de modelo en derechos de autor. Y se ha quejado. No sólo se ha quejado sino que, como el niño que pilla una rabieta, ha decidido dejar el juego. Es decir, Twitter, donde primero invitó a los “exaltados” a darse el piro y posteriomente anunció que quien se lo daba era él. Desde entonces no ha vuelto a actualizar, aunque su cuenta sigue abierta.

Desde luego, no son formas de estar en la Web 2.0, ni aun diría en la escena pública, en general. Las críticas, con base o no, van a estar ahí siempre. Si son irrespetuosas, se pueden ignorar. Si el interlocutor se torna en acosador incluso se puede bloquear. Pero si no son más que la expresión de ideas u opiniones más o menos fundamentadas, deben ser asumidas dentro de la diversidad y el derecho que nos confiere la libertad de expresión, precisamente uno de los mayores valores y virtudes de la Web 2.0. Y aún mejor, se puede contestar.

Cierto es que Twitter es un canal muy poderoso para el ataque, pero bastante menos para la defensa, en especial cuando aquél adquiere proporciones de campaña. Pero uno siempre puede desarrollar sus argumentos en un blog, por ejemplo, y remitir ahí a quien se quiera.

Al igual que Lucía Etxebarría y otros, poner pies en polvorosa y huir de la Red a las primeras de cambio por una situación puntual, que puede ser todo lo dura que uno quiera, denota ciertas carencias:

  • Escasa capacidad de encaje para las críticas y, quizás, exceso de soberbia
  • Desconocimiento de los mecanismos de moderación en las herramientas 2.0
  • No haber entendido nada de lo que significan la ‘conversación’, las redes sociales ni la Web 2.0

Da la impresión de que a muchas de nuestras personalidades públicas les encanta todo esto de la Red mientras se sienten admirados y jaleados por la comunidad, mientras les sirve para incrementar su popularidad y seguir cosechando audiencias, pero lo llevan fatal en cuanto la tortilla apenas se ladea. Y eso, queridos amigos, sencillamente no es plan. Decía en mis ‘10 + 1 tuitconsejos improvisados para políticos 2.0‘ que…

La Web 2.0 no es 1 escaparate. Ni 1 pose. Es 1 forma democrática, abierta y transparente de entender la comunicación. La política, también

Pues hoy debo añadir que en el humor, la televisión, el show businnes en general, la música, el cine o el deporte… también. También para humoristas 2.0.

Como digo, la crítica masiva web, por muy dura que sea, siempre tendrá una ventaja sobre la crítica masiva convencional: que te puedes defender exactamente por la misma vía, o puedes ignorarla. Pero de ahí a romper la baraja… Uno se queda más con la opción de Pérez Reverte, tomándoselo con humor e incluso sumándose a la ‘fiesta’. En definitiva, asumiendo dónde estás y actuando en consecuencia. Porque las actitudes airadas o infantiles sólo llevan a eso, lo que reza en el titular, al “Ea ea ea, X se cabrea”…, a la mofa y al descrédito como ciudadano digital.

No obstante, no debe culpar Buenafuente a Twitter o Internet en exclusiva de salirle respondón. Joaquín Sabina, no en Twitter ni Facebook, sino en su propio programa allá por 2006, ya se las tuvo en su momento con él. Curiosamente sobre el mismo tema: derechos de autor. Curiosamente de forma airada. Curiosamente, Buenafuente no abandonó su programa.

Actualización (19 abr – 22.17 h.): Francisco George me recuerda en los comentarios un caso que había pasado por alto: el de Álex de la Iglesia, que recibió numerosas críticas, de todos los calibres, por su postura ante la ‘Ley Sinde’ y no sólo se mantuvo en su cuenta dialogando y discutiendo con todos, sino que acabó reconociendo que ese debate le había enriquecido.