La saga Avatar ya ha cruzado su ecuador. James Cameron estrenó el pasado diciembre Avatar Fuego y ceniza y completó la mitad de un plan de cinco películas.
No es un detalle menor si se mira la taquilla. Esa tercera entrega recaudó 1485,9 millones de dólares en todo el mundo, mientras Avatar y El sentido del agua alcanzaron los 2000 millones, una distancia que retrata a la vez la fuerza de la marca y una ligera pérdida de empuje comercial.
Sam Worthington ya leyó dos guiones y detectó un giro
Sam Worthington, actor que interpreta a Jake Sully, ya ha leído los guiones de Avatar 4 y Avatar 5. Su primera reacción no fue prudente ni ambigua.
"Avatar 4 es completamente distinta, cambia la saga de James Cameron, acabo de leer el guion". - Sam Worthington, actor que interpreta a Jake Sully
Después fue más lejos y afinó la idea. Worthington dijo también que ha leído la cuarta y la quinta, que la cuarta es su favorita y que esa entrega cambia por completo la dinámica y el mundo.
Ocho años bastan para mover el centro de la historia
Avatar 4 introducirá un salto temporal de aproximadamente ocho años tras su primer acto.
Ese movimiento narrativo no parece decorativo. El salto dará mayor protagonismo a los hijos de Jake Sully y Neytiri, el personaje que interpreta Zoe Saldaña, una forma de desplazar el foco de la pareja que había sostenido buena parte del relato hasta ahora.
Ahí aparece una pista interesante, porque el relevo de Kiri apunta en la misma dirección. Si la saga cambia de generación dentro de la ficción, también cambia el punto desde el que mira Pandora.
Disney sostiene el cierre mientras Cameron apunta a 2031
James Cameron tiene la intención de estrenar dos películas más de la saga antes de 2031. Disney, además, mantiene su apoyo para el cierre de la historia.
No deja de ser llamativo que esa confianza llegue después de una entrega que quedó por debajo de las dos anteriores, aunque siguió moviéndose en cifras gigantescas. De hecho, el calendario largo de la franquicia ya había dado señales en el avance de Avatar 4, donde la producción mostraba que el proyecto seguía muy vivo.
La tensión real está ahí. Una tercera película con 1485,9 millones de dólares todavía parece un gigante, pero dentro de Avatar también funciona como recordatorio de que incluso las sagas más rentables necesitan algo más que escala para mantener intacta la expectación.