Cassie en Euphoria: 50.000 dólares para flores de boda—y una cámara que la dirige, como si fuera trabajo y no deseo.

25 de abril de 2026 a las 13:19h
Cassie en Euphoria: 50.000 dólares para flores de boda—y una cámara que la dirige, como si fuera trabajo y no deseo.
Cassie en Euphoria: 50.000 dólares para flores de boda—y una cámara que la dirige, como si fuera trabajo y no deseo.

Hay una escena en *Euphoria* que deja al aire una pregunta incómoda ¿hasta dónde puede llegar alguien por amor, o por la ilusión de tenerlo? En el segundo episodio de la tercera temporada, Cassie Howard, interpretada por Sydney Sweeney, se desnuda frente a una cámara con una meta clara y extraña ganar 50.000 dólares para flores de boda. No para el vestido, ni el banquete, ni siquiera el lugar. Flores. La escena transcurre en un ambiente controlado, casi clínico, con luces frías y una productora que le indica cómo moverse. No es sexo explícito, pero sí una desnudez deliberada, comercial, calculada. Cassie no está follando; está trabajando. Y eso, para muchos espectadores, es aún más perturbador.

La economía del deseo

La trama no es solo sobre sexo. Es sobre dinero, sobre necesidad, sobre cómo el amor puede convertirse en una economía perversa donde todo tiene un precio. SoloFans aparece aquí no como un fenómeno cultural al margen, sino como un espejo distorsionado de las relaciones modernas. Cassie no lo hace por empoderamiento ni por placer, al menos no según lo que la serie sugiere. Lo hace porque quiere una boda perfecta con Nate, un personaje cuya obsesión con el control, la posesión y la imagen pública ha ido erosionando su humanidad desde el primer episodio.

Es imposible no pensar en el paralelismo con la vida real. Sydney Sweeney, fuera de la ficción, es una de las actrices mejor pagadas de la serie. Su salario, que rondaba los 35.000 dólares por episodio en la segunda temporada, habría crecido sustancialmente para esta nueva entrega. Mientras su personaje se desnuda por dinero en pantalla, ella negocia contratos millonarios detrás de cámaras. La ironía es tan densa que casi parece escrita por el propio Sam Levinson.

El absurdo como escudo

Levinson, creador de la serie, ha defendido las escenas más extremas apelando al absurdo. En una entrevista reciente, habló de la secuencia en la que Cassie se viste de perro "Cassie tiene su caseta, sus orejitas y su nariz, y eso tiene su propio toque de humor, pero lo que hace que la escena sea especial es que su ama de llaves es quien la está filmando".

Y sobre las escenas eróticas, añadió

"Lo que siempre quisimos encontrar fue esa otra capa de absurdo que pudiéramos incorporar para no estar demasiado inmersos en su fantasía o ilusión; la gracia está en salir de ella, en romper la barrera"

.

Es una estrategia narrativa arriesgada usar lo grotesco para evitar la pornografía, lo ridículo para no caer en la melodrama. Pero no siempre funciona. Para muchos, las escenas traspasan la línea del arte y se quedan en espectáculo. Las redes sociales estallaron tras el estreno "Sydney está literalmente haciendo porno para Sam y es una locura", escribió un usuario. Otro lamentaba "Por favor, Dios, no puedo seguir viendo a Cassie degradarse de las maneras más vergonzosas imaginables".

¿Quién explota a quién?

La discusión va más allá de la ficción. ¿Está *Euphoria* criticando la explotación o reproduciéndola? ¿Es una denuncia sobre cómo las mujeres jóvenes son presionadas a monetizar su cuerpo, o simplemente otra forma de hacerlo? No hay respuestas fáciles. La serie ha sido alabada por su estética, su dirección de actores y su valentía temática, pero también criticada por su dependencia de escenas de desnudo, especialmente cuando involucran a personajes femeninos.

Y no es solo Cassie. Este mismo episodio muestra a Rue en un club de striptease y alude a Jules y su relación con un "sugar daddy". Todos los caminos conducen al cuerpo como moneda. La intimidad como transacción. No se trata de juicio moral, pero sí de observación en el mundo de *Euphoria*, el afecto rara vez es gratuito.

Lo más inquietante no es que Cassie se desnude, sino que lo haga con una sonrisa, con esperanza, con la creencia de que eso la acercará al amor que tanto anhela. Y eso, quizás, es lo más real de todo la idea de que, en una cultura que lo mide todo en likes, seguidores y visibilidad, darlo todo incluso la dignidad puede parecer un precio justo por un poco de reconocimiento. Que una boda, un sueño, una ilusión, valga 50.000 dólares en flores. Y que el camino hacia ellas pase por una cámara, una pantalla, y un público que mira sin parpadear.

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