Clayface llegará a los cines el 23 de octubre con una idea poco habitual en el universo de Gotham. Aquí no aparece Batman.
La película está dirigida por Mike Flanagan y James Watkins, y coloca en el centro al villano Clayface, aunque la historia se aparta del esquema clásico de persecución entre héroe y enemigo. El punto de partida sigue la estela de La sustancia y acompaña a un actor de Hollywood que termina convertido en un monstruo cambiaformas.
El villano entra en escena sin Batman
Ese desplazamiento cambia por completo el foco del relato. En lugar de apoyarse en la figura del justiciero, la trama empuja al personaje hacia una caída física y mental que recuerda más al terror corporal que al cine de superhéroes, un terreno que ya asomaba en su giro hacia el terror corporal.
Tom Rhys Harries encabeza el reparto junto a Naomi Ackie, Eddie Marsan y Max Minghella. La elección del elenco refuerza la idea de una película sostenida sobre el personaje y su derrumbe, no sobre la aparición de figuras más reconocibles del universo de DC.
La calificación R ya marca el tono
La producción tiene calificación R por contenido sangriento y desnudos.
No es un detalle decorativo. Una de las escenas muestra a Matt cortándose los párpados con unas tijeras dentro de un avión, una imagen que deja bastante claro qué clase de incomodidad busca la película y hasta dónde quiere llevar la mutación del cuerpo.
Además, la ausencia de Batman no convierte la propuesta en una pieza lateral o menor, sino en una apuesta por un miedo más íntimo. Lo monstruoso nace del propio protagonista, de su cuerpo y de su identidad, como si Hollywood dejara de ser una fábrica de rostros para convertirse en una máquina que los deshace.
Hollywood aparece como fábrica de monstruos
Hay una ironía evidente en todo esto. Clayface siempre fue un villano ligado a la deformación y al disfraz, pero aquí esa condición encaja con un actor cuya profesión consiste precisamente en parecer otro, una tensión que también dialoga con el universo cinematográfico de Gotham sin depender de que Bruce Wayne entre en plano.
Ahí aparece la clave más incómoda del proyecto, porque el protagonista no combate a un monstruo sino que acaba convertido en uno. La premisa convierte la transformación física en argumento y también en espejo de una industria donde la imagen nunca ha sido un detalle secundario.
El 23 de octubre llegará una película de Clayface sin Batman y con calificación R, una combinación que queda resumida en una sola escena imposible de suavizar, la de Matt cortándose los párpados con unas tijeras en un avión.