Diecinueve años después de subir al escenario de Cannes para recoger la Palma de Oro por 4 meses, 3 semanas, 2 días, Cristian Mungiu volvió al Palacio de Festivales y sumó un segundo galardón. Esta vez lo hizo con Fjord, un drama sobre una familia inmigrante frente a los servicios sociales noruegos.
No es un regreso cualquiera. En Mungiu, la biografía y el cine suelen caminar muy cerca, como si cada historia avanzara con el recuerdo de una educación sentimental marcada por el miedo, la prudencia y esa costumbre de medir las palabras antes de decirlas.
La caída del comunismo llegó cuando Mungiu tenía veintiún años
Cristian Mungiu nació en 1968 en Iași, Rumanía, y tenía veintiún años cuando cayó la dictadura en 1989. Esa fecha no funciona solo como un dato biográfico, sino como una frontera entre dos formas de mirar el mundo.
Antes de estudiar cine, se licenció en Literatura Inglesa y trabajó como profesor y periodista. Ese recorrido ayuda a entender una filmografía donde pesan tanto la observación social como la precisión con la que sus personajes hablan, callan o rodean aquello que no pueden nombrar de frente.
El propio director ha descrito de forma muy concreta la huella de aquel sistema.
"La sociedad bajo el comunismo enseñaba a las personas a mentir un poco, callar un poco y adaptarse continuamente para evitar problemas." - Cristian Mungiu, director de cine
La frase sirve para leer buena parte de su obra, aunque no haga falta convertirla en consigna. Más bien apunta a una mecánica íntima, casi doméstica, en la que sobrevivir depende de calcular cuánto decir, cuándo callar y cómo no destacar demasiado.
Su cine volvió una y otra vez a la presión que ejercen las instituciones
Ahí encajan títulos como Occident, Graduation, Tales from the Golden Age y, por supuesto, 4 meses, 3 semanas, 2 días. Son películas que observan a personas corrientes cuando una norma, una autoridad o una estructura social aprietan hasta volver incómoda la vida diaria.
Ahora Fjord desplaza esa tensión a Noruega y a una familia inmigrante enfrentada a los servicios sociales. El escenario cambia, pero permanece una pregunta incómoda que atraviesa gran parte del cine de Mungiu, qué ocurre cuando una institución entra en la intimidad de una casa y altera su equilibrio.
Cannes premió de nuevo a un director que nunca ha dejado de mirar a los márgenes
Volver a Cannes con un nuevo premio después de 19 años también dibuja una trayectoria poco común. Mungiu ya había ganado la Palma de Oro con 4 meses, 3 semanas, 2 días, y ahora el festival reconoce otra película construida desde conflictos humanos antes que desde el espectáculo.
Hay algo coherente en ese recorrido. Un antiguo profesor y periodista, formado primero en Literatura Inglesa, termina levantando películas donde los gestos mínimos pesan tanto como los grandes acontecimientos, y donde una familia frente a los servicios sociales puede contener la misma tensión que un país entero aprendiendo a callar.