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Tom Cruise lleva años corriendo, saltando y pilotando al límite, pero en Digger cambia el vértigo físico por otro más incómodo. El 2 de octubre llegará a los cines españoles convertido en Digger Rockwell, un magnate del petróleo responsable de un desastre medioambiental, con prótesis faciales, pelo canoso y barriga para rematar una transformación que ya ha provocado reacciones enfrentadas.
La película divide antes de llegar a las salas
Ahí está el primer dato llamativo. Antes de su estreno en España, la nueva película de Alejandro González Iñárritu ya ha encendido una discusión crítica donde conviven el elogio rotundo y el rechazo frontal.
"Digger no es lo que la gente espera, y la reacción del público podría ser la prueba definitiva del poder de convocatoria de Tom Cruise. Respeto la apuesta y la intención de Alejandro González Iñárritu. Tom Cruise y John Goodman ofrecen interpretaciones estelares aunque, para mí, Sophie Wilde es quien más destaca, y tanto el diseño de producción como la fotografía son impresionantes. Al final, no todas las piezas terminan de encajar, y me habría gustado que la película se inclinara más hacia el absurdo y la sátira que constantemente buscaba alcanzar. ¡Sorpresa! Las opiniones sobre esta película estarán muy divididas" - Clayton Davis, crítico
La idea de una sátira sobre poder, petróleo y desastre ecológico atraviesa buena parte de esas primeras lecturas. También aparece una sensación de desequilibrio entre la ambición de la propuesta y el resultado final, como si la película apuntara a varios blancos al mismo tiempo.
Joey Magidson, crítico, la define sin rodeos como un desastre, aunque salva dos elementos concretos. Para él, Cruise cumple, Riz Ahmed destaca y el diseño de producción sostiene una parte del interés, pero la película no termina de disfrutarse.
Iñárritu prueba con Cruise un registro poco reconocible
Hay algo casi extraño en ver a Cruise desaparecer detrás de un personaje así.
El actor interpreta a un empresario petrolero que carga con la responsabilidad de una catástrofe ambiental, y lo hace además con una apariencia muy alejada de su imagen pública habitual. En pantalla no aparece el héroe de gesto pulido y energía atlética, sino un cuerpo alterado por prótesis, cabello gris y una barriga que subraya el peso del personaje.
Ese giro explica parte de la expectación y también parte del choque. En un momento en que muchas estrellas protegen su marca hasta el último detalle, Cruise se entrega a un papel que lo ensucia, lo envejece y lo convierte en la cara visible de una culpa industrial que hoy resulta demasiado reconocible.
Jim Hemphill, crítico, sitúa ahí una de las bazas más fuertes de la película. A su juicio, Cruise firma su mejor actuación desde su giro hacia la comedia negra y lo hace dentro de una producción de estudio que considera visualmente muy inventiva, audaz e impredecible.
Las interpretaciones sí reúnen más consenso
No todo en las reacciones tempranas va en direcciones opuestas. Cuando los críticos discrepan sobre el tono, la sátira o la medida del conjunto, varios coinciden al menos en señalar nombres concretos del reparto.
Riz Ahmed aparece una y otra vez entre lo más celebrado. Kristen Lopez, crítica, lo considera magnífico, mientras Magidson también lo señala como uno de los pocos elementos que destacan con claridad dentro de una obra de resultados muy desiguales.
John Goodman, Sandra Hüller y Sophie Wilde completan un reparto que ya de por sí sugiere una película incómoda y poco dócil.
Clayton Davis pone el foco en Wilde por encima incluso de Cruise y Goodman. Esa lectura añade otra capa a la conversación, porque desplaza la atención del gran reclamo comercial hacia una actriz que, dentro de una propuesta tan cargada de artificio visual y ambición satírica, parece dejar una huella propia.
La sátira tropieza con una realidad que ya parece exagerada
Quizá el problema de fondo esté ahí.
Kristen Lopez sostiene que el mensaje se entiende y que el concepto resulta interesante, pero reprocha a la película una falta de confianza en el espectador. Su objeción no es menor, porque afecta justo al mecanismo más delicado de una sátira, que necesita sugerir y empujar sin llevar siempre al público de la mano.
"Digger ver a Alejandro González Iñárritu intentar construir un chiste es como ver a Frank Gehry intentar dibujar una línea recta" - David Ehrlich, crítico
La frase de David Ehrlich, crítico, condensa una parte del escepticismo que rodea a la película. Ryan Lattanzio, crítico, llega por otra vía a una conclusión parecida cuando habla de un error de cálculo atravesado por la autocomplacencia de principio a fin.
Ese choque entre intención y ejecución aparece también en la lectura de Lopez, que recuerda algo muy de este tiempo. Hacer sátira sobre el absurdo del poder y del desastre ambiental no resulta sencillo cuando la realidad ya empuja cada día hacia la caricatura.
El 2 de octubre, cuando el magnate petrolero de Cruise llegue a los cines españoles, la incógnita no será solo si Iñárritu acertó con la sátira. También pesará otra pregunta más concreta, la misma que ya dejan caer varias críticas enfrentadas, sobre cuánto puede arrastrar una estrella cuando la película que la sostiene divide tanto como su protagonista.