’Dune Parte tres’ llegará a los cines el 18 de diciembre de 2026 y confirma una humanidad sin Tierra

La saga de Denis Villeneuve sitúa su historia en el año 10.191 y recuerda que un asteroide destruyó la Tierra; Ceres quedó como capital humana.

11 de octubre de 2026 a las 13:01h
’Dune Parte tres’ llegará a los cines el 18 de diciembre de 2026 y confirma una humanidad sin Tierra
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Hay sagas que imaginan el futuro como una huida hacia lo desconocido y otras que lo convierten en un regreso incómodo al origen.

Dune, dirigida por Denis Villeneuve, sitúa su historia en el año 10.191 de su propio calendario, más de 20.000 años por delante de nosotros. La cuenta del tiempo arranca tras la fundación de la Cofradía Espacial, una decisión que ya dice mucho sobre ese universo porque coloca los viajes y el control del espacio en el centro mismo de la civilización.

El 18 de diciembre de 2026 llegará a los cines Dune Parte tres, y ese dato devuelve la atención a una obra que siempre ha jugado con escalas difíciles de abarcar.

Dune llevó la humanidad tan lejos que borró la Tierra

En la saga literaria, los humanos han colonizado la galaxia y no existe otra civilización. No hay un otro extraterrestre con el que medirse, de modo que el conflicto vuelve una y otra vez sobre la propia especie, sus linajes, su poder y su memoria.

Después ocurre el giro más áspero. Un asteroide impactó en la Tierra y causó su destrucción, de modo que Ceres pasó a ser la nueva capital de la raza humana.

Esa imagen tiene algo perturbador porque invierte una costumbre muy arraigada en la ciencia ficción. Muchas historias colocan a la Tierra como centro político, emocional o simbólico, pero aquí queda reducida a pasado perdido mientras la capital humana se traslada a otro cuerpo del sistema solar.

La primera película duró dos horas y 36 minutos.

Villeneuve estrenó esa entrega el 17 de septiembre de 2021 con Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson y Oscar Isaac en el reparto. A simple vista parece una superproducción de escala clásica, aunque por debajo late una idea bastante menos cómoda, la de una humanidad tan extendida por la galaxia que ya ni siquiera conserva su planeta de origen.

Ese desarraigo ayuda a entender por qué Dune no mira el futuro como una simple promesa técnica, sino como una reorganización completa de la historia humana. En esa lógica también encaja la tercera entrega de Dune, que vuelve a colocar a Villeneuve y a Timothée Chalamet en el centro de una adaptación marcada por la continuidad.

Otra saga resolvió el futuro con una playa conocida

Muy lejos de Arrakis, El planeta de los simios eligió otro camino para sacudir al espectador. Su golpe final no dependía de miles de años de cronología inventada, sino de una sola imagen reconocible al instante.

La idea de mostrar la Estatua de la Libertad en la playa partió de Blake Edwards. La propuesta desagradó al autor original de la novela, una fricción nada menor porque ahí se decide si el desenlace debe apoyarse en una ironía literaria o en un impacto visual imposible de olvidar.

En la novela original, el protagonista regresa a la Tierra y lo recibe un chófer gorila.

La diferencia entre ambos finales cambia por completo el tipo de sorpresa. Uno trabaja con una revelación verbal y satírica, mientras el otro condensa el sentido entero de la historia en una ruina clavada en la arena.

No hace falta mucho más para ver el contraste. Dune expande la cronología hasta el año 10.191 y convierte a Ceres en capital humana, mientras El planeta de los simios hunde una estatua en la playa para recordarnos que a veces el futuro más inquietante no está tan lejos, solo espera al final de la costa.

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