La industria del cine ha cambiado mucho desde que Meryl Streep firmó la primera entrega de esta saga hace dos décadas. En aquel entonces, la actriz ya demostraba un poder de negociación poco habitual para su edad y estatus.
Su actitud no era solo profesional, sino una declaración de intenciones sobre el valor artístico. La protagonista se mostró dispuesta a abandonar el proyecto si sus condiciones económicas no se cumplían inmediatamente.
Una apuesta segura con condiciones claras
Streep confesó recientemente que rechazó inicialmente la oferta inicial al leer un guion que consideraba excepcional. Su estrategia fue arriesgada pero calculada esperaba que los productores reconocieran su indispensable presencia en la pantalla.
"Sabía que iba a ser un éxito... Me llamaron y me hicieron una oferta, y dije 'No. No lo voy a hacer'. Quería ver si doblaban mi oferta, y rápidamente me dijeron 'Claro'."
Con 56 años en ese momento, la actriz sentía que su experiencia era clave para el éxito comercial. Si no aceptaban sus términos, estaba perfectamente dispuesta a retirarse sin miramientos.
El regreso de las reinas de la moda
Veinte años después, la franquicia regresa a los cines bajo la dirección de David Frankel. Las previsiones son positivas, aunque la trama introduce tensiones internas muy diferentes a las originales.
En esta nueva historia, Miranda Priestly se acerca a la jubilación. Este cambio generacional abre la puerta a nuevos conflictos corporativos dentro del mundo editorial de alta costura.
La antigua asistente Emily Charlton ahora es una ejecutiva rival. Su objetivo principal es competir por los ingresos publicitarios contra la propia jefa que alguna vez la despreció.
El elenco original, formado también por Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci, marcó un hito cultural. Ahora, Disney y 20th Century Studios buscan replicar esa magia con un giro más político y menos estético.