Pocas series recientes han retratado la adicción con una mezcla tan cruda de intimidad y artificio visual. La historia de Rue Bennett arranca apenas unos días después del 11-S y termina con una frase que funciona casi como plegaria, "Que Dios nos bendiga a todos".
Ese arco no es casual. Sam Levinson, creador de la serie, volcó en ella su propia experiencia como adicto y construyó una ficción que, aunque parte de una serie juvenil israelí, acabó mirando de frente a un problema muy estadounidense.
Ahí aparece un dato que pesa más que cualquier giro de guion. El fentanilo es la principal causa de muerte en Estados Unidos entre la población de 18 y 44 años.
Zendaya sostuvo a Rue durante tres temporadas
Zendaya interpreta a Rue Bennett a lo largo de tres temporadas, y esa continuidad ha sido el eje de una serie que cambió de forma varias veces sin soltar a su narradora. En torno a ella, el reparto y el equipo creativo fueron alterando el tono general del proyecto.
Antes incluso del rodaje de la tercera entrega, la producción ya arrastraba una ausencia imposible de ignorar. Angus Cloud, uno de los rostros más reconocibles de la serie, falleció a los 25 años.
También salió del reparto principal Barbie Ferreira, una marcha que confirmó que la última etapa de la ficción no iba a ser una simple prolongación de lo anterior.
Cuatro años después, la serie giró hacia el thriller criminal
La tercera temporada introduce un salto temporal de cuatro años respecto a la segunda. Ese desplazamiento no solo mueve a los personajes en el calendario, también rompe la lógica adolescente que había sostenido buena parte del relato.
Ahora el enfoque narrativo se inclina hacia el thriller criminal, un terreno más áspero y más pegado al peligro exterior que al desconcierto íntimo de los primeros episodios.
En una serie nacida como drama juvenil, ese cambio tiene algo de declaración de intenciones. La adolescencia deja paso a un mundo donde las consecuencias pesan más que la improvisación.
La música cambió de manos y la imagen cerró el recorrido
Labrinth, responsable de la identidad musical hasta la tercera temporada, renunció y dejó su sitio a Hans Zimmer. No es un relevo menor, porque la música había sido una de las firmas más reconocibles de la serie.
Mientras el sonido cambiaba de dueño, Marcell Rév asumió la fotografía de la temporada final. En una ficción donde la forma siempre discutió con el fondo, esa decisión importa casi tanto como cualquier línea de diálogo.
Al final queda una extraña suma de pérdidas, reinvenciones y biografía personal. Rue nació en la ficción bajo la sombra del 11-S y su historia se cierra en un país donde el fentanilo mata más que cualquier otra causa a quienes tienen entre 18 y 44 años.