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Godzilla no llega solo esta vez.
La nueva entrega de Godzilla Minus Zero trasladará su historia a 1949, apenas dos años después de los hechos de Godzilla Minus One, y colocará a sus personajes frente a una amenaza que el propio tráiler introduce con una frase inquietante. Antes de que irrumpan los relámpagos dorados, alguien advierte que aquello no es Godzilla.
Takashi Yamazaki recupera a la familia rota de la primera película
Takashi Yamazaki dirigirá esta continuación y volverá a apoyarse en los mismos rostros que sostenían el drama humano de la entrega anterior. Ryuunosuke Kamiki interpretará de nuevo a Kōichi Shikishima, antiguo piloto kamikaze, mientras Minami Hamabe regresará como Noriko y la trama incluirá otra vez a la niña Akiko, hija adoptiva de ambos.
Ese detalle importa porque la saga japonesa de Godzilla suele medir su fuerza no solo por el tamaño del monstruo, sino por el daño que deja en la vida corriente. Aquí el punto de partida no es una ciudad abstracta en peligro, sino una familia que ya venía de sobrevivir a una devastación y ahora vuelve a quedar frente a algo todavía mal identificado.
Los destellos dorados apuntan al kaiju que debutó en 1964
El avance deja pocas dudas sobre la criatura que asoma al fondo del relato, aunque Toho no la haya nombrado de forma oficial.
Los destellos de electricidad dorada y el rugido que cierra el tráiler apuntan a King Ghidorah, el gran rival alado que debutó en 1964 y que desde entonces ocupa un lugar propio dentro del imaginario de los kaiju. Será además la primera aparición de King Ghidorah en una película desde Godzilla Rey de los monstruos de 2019, aunque aquella versión pertenecía al MonsterVerse de Legendary y no a la línea japonesa de Toho.
Esa separación entre universos no es un matiz para coleccionistas. Cambia el sentido del regreso, porque Toho no ha detallado todavía cuál será el origen de esta nueva encarnación de Ghidorah ni cómo encajará en una cronología situada justo después de la posguerra, un momento donde cualquier irrupción monstruosa pesa también como imagen de un país que aún intenta recomponerse.
Toho juega con la duda antes de enseñar a su enemigo
En lugar de mostrar de frente al nuevo kaiju, el tráiler trabaja con la sospecha. Primero lanza esa negación, aquello no es Godzilla, y después deja que la electricidad dorada haga el resto, una estrategia que recuerda hasta qué punto algunos monstruos se reconocen antes por su sonido o por su silueta que por una presentación completa.
Ahí encaja también el regreso de otros viejos enemigos, porque buena parte de la longevidad de Godzilla consiste en reordenar figuras conocidas sin convertirlas en simple repetición. Ghidorah no aparece en pantalla como un invitado cualquiera, sino como un nombre que arrastra décadas de memoria dentro de la franquicia.
El regreso de Ghidorah abre una pregunta que Toho no responde
Toho no ha confirmado de dónde sale esta versión de King Ghidorah ni ha detallado planes para continuar la franquicia con nuevos kaiju. La película, por tanto, juega a dos bandas, ofrece una pista muy reconocible para el espectador veterano y al mismo tiempo guarda silencio sobre el lugar exacto que ocupará ese monstruo dentro del nuevo ciclo.
Tampoco es menor que todo ocurra en 1949, porque ese año sitúa a Ghidorah fuera de los marcos más habituales con los que el cine reciente de monstruos gigantes suele trabajar. Mientras el MonsterVerse de Legendary empuja a sus criaturas hacia una escala de universo compartido, aquí la amenaza vuelve a entrar por la herida histórica, por esa mezcla de ruina material y miedo íntimo que ya marcaba la película anterior y que la secuela japonesa de Toho mantiene como punto de apoyo.
Un rugido y unos relámpagos han bastado para devolver a Ghidorah al centro del mapa.
La tensión real está en otro sitio, en que la película sitúa a Kōichi, Noriko y Akiko en 1949 y hace entrar a King Ghidorah sin explicar aún qué es exactamente aquello que aparece en el cielo cuando alguien asegura que no es Godzilla.