En 1935, mientras el mundo se tambalea al borde de una nueva conflagración y la Gran Depresión deja huellas profundas en cada esquina del territorio estadounidense, Derry ese pueblo ficticio que Stephen King convirtió en un infierno en miniatura se prepara para volver a la pantalla. Pero esta vez no habrá niños montando en bicicleta por calles soleadas, ni risas que se cortan de golpe al doblar una esquina. La segunda temporada de *It bienvenidos a Derry* nos sumerge en una época más oscura, más cruda la de los años 30, cuando el hambre y la desesperación ya eran monstruos antes de que Pennywise decidiera asomarse.
Un pueblo maldito en tiempos de crisis
Andy Muschietti, el director y creador de esta reinterpretación en clave televisiva del universo de *It*, ha confirmado que la nueva temporada se ambientará en 1935. Y aunque los pequeños del Club de los Perdedores no estarán esta vez en escena, el mal sigue ahí, agazapado. "Es 1935; ya estamos trabajando en ello y es muy divertido", dice Muschietti, con una ironía que no deja de ser inquietante. Porque en Derry, "divertido" rara vez significa algo ligero.
La trama tomará como punto de partida un episodio poco conocido dentro de la mitología de la obra original la historia de la banda de Bradley, un grupo de atracadores de bancos que, según el relato, se detienen en Derry para comprar munición… y desaparecen. Muschietti aclara que este grupo está inspirado en la banda de Brady, una organización criminal real que operó en Maine y cuyos miembros fueron ejecutados en las calles de Bangor. "La banda de Bradley se basa en la banda de Brady, una banda real de atracadores que fueron ejecutados en las calles de Bangor, Maine. Por tanto, el gran evento de la temporada será la matanza de los atracadores", explica.
El miedo tiene muchas caras
Este desplazamiento temporal no es solo un cambio escenográfico. Supone una transformación radical del tono. "Aquí la situación es muy precaria. La gente es muy pobre e intenta sobrevivir como puede", subraya Muschietti. La Derry de 1935 no es un escenario de infancia perdida, sino un pueblo al borde del colapso social. Sin el "confort suburbano" de las décadas posteriores, el miedo ya está presente en cada esquina en los rostros hundidos por el hambre, en las casas vacías, en los silencios que nadie se atreve a romper.
Y en ese vacío, Pennywise encuentra su alimento perfecto. La serie promete explorar cómo el terror se adapta a cada época, cómo muta según las heridas colectivas. En los años 30, el mal no solo es sobrenatural; también es económico, estructural, humano. No se trata solo de un payaso que acecha en las alcantarillas, sino de un sistema que devora a los débiles. La Gran Depresión se convierte así en un personaje más de la historia, tal vez el más aterrador de todos.
Una mitología en expansión
La decisión de explorar un periodo tan poco transitado en las adaptaciones de la obra de King es arriesgada, pero revela una ambición clara convertir a Derry en un ecosistema de terror acumulado, donde cada década deja su rastro de sangre y locura. La serie, producida íntegramente para HBO Max, se aleja de la estructura lineal de la novela y opta por una narrativa en espiral, que vuelve una y otra vez al mismo lugar, descubriendo nuevas capas del mismo mal.
La exploración de la banda de Bradley abre la puerta a un Derry más adulto, más violento, donde el crimen y la corrupción son cómplices del ente que habita bajo la ciudad. Y aunque aún no hay fecha de estreno, la mera idea de ver cómo el terror se metamorfosea en una época de crisis social ya enciende la imaginación. ¿Qué forma tomará Pennywise entre hombres armados y desesperados? ¿Será un juez, un predicador, un banquero? O tal vez, en este caso, no necesite disfraz alguno.
La segunda temporada de *It bienvenidos a Derry* no solo promete más sustos, sino una reflexión incómoda sobre cómo los monstruos no aparecen de la nada nacen del hambre, del miedo, del abandono. Y mientras el mundo actual vuelve a flirtear con crisis económicas, desigualdad y violencia estructural, la Derry de 1935 no parece tan lejana. Quizá el verdadero terror no sea lo que acecha bajo la ciudad, sino lo que permitimos que crezca a plena luz del día.