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Encontrar al próximo James Bond no consiste solo en elegir una cara conocida. Debbie McWilliams, directora de casting de la franquicia durante años y ya retirada tras la última aparición de Daniel Craig, ha dejado claro que el problema es justamente el exceso de familiaridad.
Daniel Craig interpretó a 007 en las cinco entregas más recientes, una etapa lo bastante larga como para fijar una idea muy concreta del personaje. Cuando una saga vive tanto tiempo con el mismo rostro, el relevo nunca se juega únicamente en la pantalla.
Debbie McWilliams cree que Bond debe seguir siendo un desconocido
McWilliams descarta a Jacob Elordi, Callum Turner y Harris Dickson como candidatos para suceder a Craig. Su criterio no gira en torno a la popularidad ni a la edad, sino a algo más resbaladizo y más propio del personaje.
"No quiero ver a ninguno de ellos como James Bond. Es absolutamente esencial que conserve su carácter de enigma total. No quiero verlos como 007 porque ahora sabemos demasiado sobre ellos. Queremos saber lo menos posible sobre su vida personal porque eso es lo que son los espías. No necesitamos saber dónde compra, quiénes son sus padres ni dónde vive. Un elemento vital de todo esto es su trabajo. Tiene licencia para matar, y tenemos que creer que puede hacerlo. Si no, entonces pierdes a la audiencia." - Debbie McWilliams, exdirectora de casting de la franquicia James Bond
La idea resulta llamativa en una industria que vive de convertir a sus intérpretes en figuras permanentemente visibles. Bond, al menos en la mirada de McWilliams, funciona mejor cuando el actor conserva zonas oscuras y no llega al papel precedido por una biografía demasiado consumida por el público.
La saga de James Bond arrancó en 1962 con Sean Connery y nació a partir de las novelas de Ian Fleming. Desde entonces, el espía británico ha sobrevivido a cambios de tono, de época y de protagonista sin perder ese núcleo de misterio que ahora McWilliams considera irrenunciable.
No es un detalle menor.
Su argumento, en el fondo, plantea una pregunta incómoda para el cine comercial actual. ¿Puede un personaje construido sobre el secreto seguir funcionando igual cuando las estrellas viven expuestas de forma casi continua y el espectador sabe de ellas mucho antes de entrar en la sala?
Esa tensión ya asomaba en el cierre del ciclo reciente, el mismo que convirtió a Craig en el Bond de las cinco películas más cercanas en el tiempo. Quien quiera medir cómo ha cambiado el personaje puede compararlo con un Bond menos gadget, donde el peso del actor terminó importando tanto como el traje o la pistola.
La franquicia sigue sin poner fecha al regreso de 007
Mientras se discute qué clase de rostro necesita el personaje, la nueva entrega continúa sin fecha de estreno. También ahí hay una paradoja curiosa, porque pocas franquicias tienen una identidad tan reconocible y, al mismo tiempo, dependen tanto de encontrar a alguien que aún no esté del todo definido ante el público.
De hecho, la propia conversación sobre posibles sustitutos convive con la ausencia de calendario, un vacío que agranda todavía más el peso simbólico del casting. En Bond, escoger actor nunca ha sido solo cubrir una vacante, sino decidir cuánto debe saber el público de un hombre al que, para creerlo, casi conviene no conocer.