Jodorowsky a los 97: “Al director que más odio es Spielberg. Y segundo a Walt Disney”

“Su violencia es enfermiza, no es honesta”: por qué Jodorowsky detesta el cine de Spielberg

12 de abril de 2026 a las 12:44h
Jodorowsky a los 97: “Al director que más odio es Spielberg. Y segundo a Walt Disney”
Jodorowsky a los 97: “Al director que más odio es Spielberg. Y segundo a Walt Disney”

Cuando un artista como Alejandro Jodorowsky habla, lo hace desde una profundidad que trasciende el mero juicio estético. A sus 97 años, su voz suena como un oráculo incómodo, incisivo, inapacible. Recientemente, en una entrevista que ha vuelto a poner sobre la mesa sus posiciones más radicales, el cineasta franco-chileno no se contuvo al hablar de uno de los nombres más grandes del cine contemporáneo Steven Spielberg. "Hay muchos cineastas que me gustan, y hay otros que odio. Pero al director que más odio es Spielberg. Y segundo a Walt Disney", dijo sin aspavientos, como si enunciara una ley física ineludible.

El arte como acto de verdad

Para Jodorowsky, el cine no es entretenimiento. Es ritual, provocación, confrontación con lo real. Por eso, su condena a Spielberg no surge solo del desacuerdo estético, sino de una discrepancia ética. En su visión, el cine debe ser honesto, incluso en sus limitaciones. Buñuel es, para él, el paradigma del cineasta sincero alguien que, sin pretensiones de perfección técnica, filmaba desde la altura de los ojos, sin artificios, sin pretender dominar la mirada del espectador desde ángulos imposibles. "Si tenía limitaciones, entonces hacía una foto limitada. Siempre fotografiaba a la altura de los ojos", recordó Jodorowsky. "Buñuel es honesto".

Y en ese espejo de la honestidad, Spielberg se rompe. Para Jodorowsky, sus películas son engañosas, construidas sobre una violencia que no revela, sino que disfraza. "Su violencia es enfermiza, no es honesta", afirmó. No se trata de que muestre escenas crueles, sino de que lo hace con una postura moral que él considera falsa como si Spielberg se erigiera en padre benévolo de historias que, en realidad, manipulan el sentimiento. Es un cine que emociona para domesticar, no para liberar.

El espectáculo como opio

La crítica no es nueva. Ya en 2013, Jodorowsky había señalado "Siempre digo el degenerado de Steven Spielberg, porque fue él quien inició con esto de hacer del cine el gran espectáculo y aplaudir los efectos especiales". En esa frase late una acusación más amplia la de haber transformado el cine en una industria de asombro controlado, donde la técnica no sirve al contenido, sino que lo devora. "Hace negocios con eso, con Europa. Es fascista porque Estados Unidos es el centro de su mundo", sentenció, usando "fascista" no en sentido literal, pero sí como metáfora de una visión hegemónica, centralista, que impone narrativas desde un solo punto de vista.

Es revelador que Jodorowsky, de origen judío, critique a Spielberg también desde esa identidad compartida "Odio a Spielberg porque él es judío. Hace negocios con eso". No es un rechazo al cine judío, sino al uso instrumental de la historia, al convertir el trauma en producto. Para Jodorowsky, el arte que se vuelve mercancía sin autocrítica pierde su alma.

El cineasta como ladrón honesto

Hay, sin embargo, un matiz fascinante en su discurso. Jodorowsky no odia a todos los cineastas comerciales. De hecho, alaba a algunos cineastas de Hong Kong, a quienes llama "ladrones honestos". "Hacen negocios y son tan honestos al respecto que es fantástico", dice. Es decir, si el cine es negocio, que al menos lo declare sin hipocresía. El problema no es ganar dinero, sino fingir trascendencia mientras se fabrica entretenimiento alienante.

En esta distinción, se dibuja una línea ética clara lo que Jodorowsky rechaza no es el éxito, ni siquiera los efectos especiales, sino la pretensión moral de quien, según él, manipula emociones bajo la fachada de la humanidad redentora. En películas como *Salvando al soldado Ryan* o *La lista de Schindler*, Spielberg toca temas profundamente dolorosos. Pero para Jodorowsky, lo hace desde una óptica que limpia la historia, que la domestica para el consumo occidental.

"creo que Spielberg es el hijo de cuando Walt Disney se acostó con Minnie Mouse" - Alejandro Jodorowsky, artista franco-chileno

Esa frase, aparentemente grotesca, es en realidad una metáfora precisa Spielberg, para Jodorowsky, es el heredero de un mundo de fantasía infantilizado, donde el mal se vence con efectos visuales y música triunfal, donde la complejidad histórica se reduce a una lección de moral limpia. Es el cine del perdón fácil, del orden restaurado, del espectador devuelto a casa sin heridas profundas.

Lejos de ser solo un ataque personal, esta confrontación entre dos visiones del cine expone una grieta que sigue abierta ¿puede el cine masivo ser verdaderamente honesto? ¿O su función es, inevitablemente, ofrecer consuelo en lugar de incomodar? Las palabras de Jodorowsky, duras, incómodas, necesarias, nos obligan a mirar nuestras emociones en la pantalla y preguntarnos ¿qué nos están vendiendo, y qué nos están ocultando?

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