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Hay adaptaciones que recortan, condensan o cambian acentos. Y luego están las que tocan una pieza del tablero y obligan a mover muchas más. Eso es lo que ocurre con la batalla de Ladera, que en la serie invierte la función que tenía en Fuego y Sangre y altera la posición de varios personajes en plena guerra Targaryen.
George R.R. Martin marcó distancia cuando faltó Maelor
George R.R. Martin ya había mostrado su malestar por la ausencia de Maelor, hijo de Helaena y Aegon, y a partir de ahí se distanció del proyecto.
No es un detalle menor. Fuego y Sangre está construido como una crónica histórica firmada por el maestre Gyldayn, un formato que admite versiones enfrentadas de un mismo hecho, pero no convierte cualquier cambio en una simple cuestión de punto de vista.
Ladera cambia de bando y arrastra el sentido de la guerra
En el libro, Ladera es el último bastión de los Negros para proteger Desembarco del Rey frente a las huestes de Ormund Hightower. La serie le da la vuelta a esa lógica y convierte el enfrentamiento en una batalla entre el ejército de Rhaenyra Targaryen y las fuerzas de Ormund, con la situación militar invertida.
También se desplaza el papel de las llamadas semillas de dragón. En la obra literaria, Rhaenyra envía a Hugh Martillo y Ulf el Blanco a defender la ciudad y ambos la traicionan, mientras que en la serie Ulf se vuelve contra los dos bandos y Hugh todavía no ha dado ese paso.
Daemon tampoco ocupa el mismo lugar al comienzo del conflicto.
En el libro, Daemon no participa al inicio de la contienda y Addam carga además con la sospecha de traición por parte de Rhaenyra, de modo que debe reunir un ejército del bando Negro para demostrar su lealtad. Esa cadena de decisiones cambia el peso político de la batalla, porque ya no importa solo quién combate, sino desde qué posición llega cada uno.
Ryan Condal, creador de la serie, aborda esa operación de otra manera.
"Mi propuesta fue que La casa del dragón era como la trilogía de precuelas de Star Wars. Tardé unos años en convencerlos". - Ryan Condal, creador de la serie
Antes incluso de sacar adelante esa idea, HBO rechazó a Condal un trabajo centrado en la historia de Dunk y Egg, la misma que hoy se adapta en El caballero de los Siete Reinos. Su entrada en Poniente, por tanto, no nació por la puerta que él había intentado abrir primero.
Condal unió batallas que en el libro estaban separadas por meses
Ahí aparece una de las claves más visibles del desajuste. Ryan Condal simplificó dos contiendas que en los libros transcurren con varios meses de distancia, una decisión que comprime tiempos, reorganiza motivaciones y borra la pausa con la que la novela dejaba madurar algunas traiciones.
Condal explicó cómo leyó ese material desde el principio.
"Me entusiasmó muchísimo la idea y el reto creativo de abordar una historia ficticia escrita como un libro de historia, al estilo de Rashomon, donde existen versiones contrapuestas de los hechos, y básicamente tienes ante ti una saga interactiva. Es una producción grande y costosa, así que HBO quería una narrativa lineal". - Ryan Condal, showrunner de la serie
Esa apuesta por una línea más recta ayuda a entender por qué la serie junta episodios separados en el tiempo, aunque también deja menos espacio para ambigüedades que en el libro eran parte del mecanismo narrativo. Algo parecido ya asomó en cambios previos en el destino de Rhaenyra, donde una variación puntual acababa empujando otras piezas del relato.
Hugh Martillo concentra bien esa tensión.
En Fuego y Sangre, Hugh traiciona a Rhaenyra y llega a plantearse sentarse en el Trono de Hierro. En pantalla, como Hugh aún no ha consumado esa traición y Ulf actúa contra ambos bandos, la serie redistribuye una ambición que en el libro estaba más claramente enfocada.
Ni siquiera las muertes conservan el mismo recorrido
La serie sí mantiene la muerte de Ormund a manos de Ser Roddy el Ruina, comandante de los Lobos de Invierno.
Pero el trayecto hasta esa muerte tampoco coincide del todo con la versión escrita. En el libro, Ser Roddy se enfrenta a Ser Bryndon Hightower, que le corta la mano del escudo y termina corriendo la misma suerte que Ormund, y ninguno de los dos sufre quemaduras de Alas de Plata.
Condal ha defendido además que ese margen de elección forma parte de su trabajo como adaptador. Su argumento es que el libro deja zonas en sombra y que él tuvo que escoger un hilo conductor para convertir una crónica con versiones opuestas en una narración lineal.
Hay, de fondo, una ironía difícil de pasar por alto. El escritor que imaginó una historia contada como crónica discutida por varias voces cuestiona ahora una adaptación que usa precisamente ese carácter movedizo para justificar sus desvíos, mientras la temporada 4 ya está fijada con ocho capítulos.