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Volver a la Tierra Media no garantiza una historia grande. La nueva película confirmada, La Caza de Gollum, parte de uno de esos huecos mínimos que Tolkien dejó casi al margen, la búsqueda de Gollum por parte de Aragorn antes de los hechos de La Comunidad del Anillo.
Ahí aparece la primera tensión del proyecto. Peter Jackson participará como productor ejecutivo, pero Viggo Mortensen no regresará como Aragorn, de modo que la película recupera un nombre central de la trilogía y pierde al rostro que fijó ese personaje para varias generaciones.
Andy Serkis tendrá que estirar un puñado de notas hasta llenar una película
El problema no está en el personaje, sino en el tamaño del material original.
Tolkien apenas dejó sobre este episodio notas a pie de página y anécdotas breves, un punto de partida que obliga a Andy Serkis a inventar tramos de la trama para completar la duración de un largometraje. No se trata de adaptar una novela cerrada, sino de levantar una narración amplia desde un rincón casi lateral del mapa literario.
Ya ocurrió algo parecido, aunque a otra escala, con la trilogía en salas, que convirtió una obra de referencia en un fenómeno audiovisual de larga duración. La diferencia aquí es que ni siquiera existe un bloque narrativo comparable al de una novela completa sobre el que apoyar cada giro.
El antecedente de El Hobbit pesa más de lo que parece
El dato más elocuente cabe en una comparación incómoda.
El Hobbit ronda las 300 páginas y acabó extendido en tres películas con una duración de casi nueve horas. Si aquel libro, que al menos ofrecía un relato continuo con principio, desarrollo y final, necesitó semejante expansión en pantalla, resulta fácil medir el vértigo de convertir unas pocas referencias dispersas sobre Gollum en una película entera.
Esa desproporción ayuda a entender por qué la ausencia de Mortensen no es el único foco de duda. También pesa la pregunta de cuánto Aragorn habrá realmente en una historia vendida alrededor de su persecución, y cuánto espacio tendrá que ocupar lo inventado para que el viaje no se quede en un apunte ilustrado.
La película nace en un hueco narrativo muy concreto
Antes de Frodo, antes incluso de que la Comunidad echara a andar, ya existía esa cacería.
La trama se sitúa en un momento previo a La Comunidad del Anillo y sigue la búsqueda de Gollum por parte de Aragorn. Es un episodio conocido por los lectores de Tolkien, aunque más como referencia de fondo que como relato desarrollado, algo que lo vuelve sugerente para el cine y al mismo tiempo frágil para sostener dos horas de metraje.
En ese equilibrio entre material canónico y ampliación forzosa encaja también la persecución de Aragorn, ya planteada como uno de los vacíos más tensos de la cronología. La cuestión no es si había historia ahí, sino cuánta había antes de que el cine necesitara rellenar lo que Tolkien apenas rozó.
Al final, el contraste más claro sigue siendo el más simple. Un libro de unas 300 páginas ya se convirtió una vez en casi nueve horas de cine, y ahora una cadena de notas breves deberá sostener por sí sola toda una película.