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Hay finales que no terminan cuando cae el fundido a negro. El de La cosa lleva 44 años haciendo justo eso, y John Carpenter acaba de agitar otra vez una de las discusiones más persistentes del cine fantástico.
Durante una conversación con Reece Feldman en la gala del Academy Museum, Carpenter volvió sobre el enigma que dejó abierto en 1982, cuando MacReady, interpretado por Kurt Russell, y Childs, interpretado por Keith David, sobreviven a la destrucción de una instalación de investigación en la Antártida.
"Ninguna de las teorías que tiene la gente es correcta. Yo sé cuál es la verdadera". - John Carpenter, director de La cosa
No es una provocación menor. Ese cierre muestra a los dos personajes compartiendo una botella de whisky mientras ninguno puede saber si el otro sigue siendo humano o si la criatura extraterrestre ya lo ha asimilado.
Carpenter insiste en que la respuesta ya estaba dentro de la película
Ahí vive la fuerza del desenlace. La escena no resuelve el misterio, pero tampoco lo deja en el aire de cualquier manera, porque el propio director sostiene que la película contiene una clave concreta.
"Además, en la propia película hay una pista muy importante. Nadie la ha descubierto". - John Carpenter, director de La cosa
44 años después, la discusión sigue intacta.
Esa es la rareza más fértil de la película. Mientras muchas historias de monstruos dependen de explicar la amenaza, aquí la duda funciona como el último golpe, porque la criatura no solo destruye cuerpos, también convierte la confianza en algo imposible.
Desde 1982, el espectador mira esa botella, esos rostros agotados y el silencio entre ambos como quien examina una fotografía buscando un detalle mínimo. Carpenter asegura que ese detalle existe, pero añade otro giro incómodo, nadie ha dado con él.
El misterio no está en la criatura, sino entre dos hombres
MacReady y Childs no quedan frente a frente en una batalla final al uso. Quedan atrapados en una sospecha sin salida, en mitad del frío, después de haber visto cómo la estación de investigación desaparece con ellos dentro de un paisaje ya arrasado.
Por eso el final resiste tan bien el paso del tiempo. No depende de una gran explicación, sino de una escena mínima, dos hombres, una botella de whisky y una pregunta que Carpenter, al menos en público, todavía no piensa resolver.