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Hollywood ha fabricado rodajes difíciles, pero pocos arrastran una leyenda tan torcida como la de La isla del Dr. Moreau se estrenó el 23 de agosto de 1996, hace ya 30 años.
Tres días después de empezar el rodaje en Australia, la producción despidió a Richard Stanley. No era un recién llegado, porque ya había dirigido Hardware y Dust Devil.
Richard Stanley acabó dentro de su propia pesadilla
Luego ocurrió algo que parece inventado y, sin embargo, define mejor que nada aquel caos. Richard Stanley volvió al set disfrazado de hombre perro para infiltrarse entre los figurantes.
"Una vez estás bajo el maquillaje, te vuelves invisible" - Richard Stanley, director
No entró para recuperar el control de la película, sino para mirar de cerca qué estaba pasando con una obra que había dejado de ser suya. Él mismo resumió el impulso con otra confesión igual de áspera cuando dijo que lo hizo por curiosidad mórbida.
Stanley no suavizó el recuerdo.
"Fue completamente caótico" - Richard Stanley, director
La sustitución la asumió John Frankenheimer, y desde ese momento el rodaje dejó de ser solo una crisis de dirección para convertirse también en un choque de egos. A un lado estaba Frankenheimer y al otro Val Kilmer, en una relación que terminó convertida en munición verbal.
Frankenheimer y Val Kilmer rodaron entre agravios
Frankenheimer fue el más explícito desde la silla del director.
"No me gusta Val Kilmer, no me gusta su ética de trabajo y no quiero volver a relacionarme con él" - John Frankenheimer, director
Kilmer tampoco rebajó la temperatura cuando terminó su última escena. Su despedida hacia Frankenheimer fue una orden seca dirigida al equipo para que sacaran a ese cabrón de su set.
Más tarde, en el documental Val, el actor volvió sobre aquella batalla con una frase aún más hiriente. Dijo que Frankenheimer podía decir acción y corten todo el día y eso nunca le convertiría en director.
Ni Marlon Brando quedó al margen de ese clima.
Val Kilmer describió como devastador que Frankenheimer no prestara atención a las ideas de Brando, y el propio Brando llegó a clavarle otra frase que todavía retrata la atmósfera del rodaje. Le dijo que confundía su talento con el tamaño de su sueldo.
Hasta la fiesta final conservó el eco del desastre
La enemistad no acabó con la última claqueta, porque Frankenheimer aseguró que no contrataría a Kilmer ni para una película llamada La vida de Val Kilmer. Aun así, la historia guardó un giro extraño en su remate social, casi como si el desastre necesitara una escena extra.
Richard Stanley asistió a la fiesta de final de rodaje.
Allí, Val Kilmer se disculpó con él después de todo lo ocurrido. Stanley recordó la escena con una frase breve y cortante cuando contó que le dijo que era un poco tarde.
Ese detalle final deja una imagen casi más incómoda que el despido de los primeros tres días. La película cumplió 30 años, pero su recuerdo sigue pegado menos a H.G. Wells que a un director expulsado, un regreso bajo maquillaje y una disculpa llegada cuando ya no quedaba nada que salvar.