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La caminata de la vergüenza de Cersei Lannister sigue siendo una de las escenas más recordadas de Juego de tronos, pero no se rodó como mucha gente imaginó.
Lena Headey, la actriz que dio vida al personaje, se negó a aparecer desnuda en Mother's Mercy. La producción resolvió la secuencia con una combinación de efectos visuales que unió el cuerpo de la actriz y modelo Rebecca Van Cleave con el rostro de Headey.
La polémica estalló cuando el público creyó que había sido engañado
Headey contó después que la reacción la descolocó. Le sorprendió muchísimo el enfado por la idea de que había engañado al público, como si el centro de aquella escena estuviera en descubrir qué parte del plano pertenecía a quién.
"Me sorprendió muchísimo el enfado, esa idea de que había engañado al público". - Lena Headey, actriz
La discusión dice bastante sobre una época de la televisión en la que el debate público a veces se detenía en la desnudez y no en las condiciones del rodaje. En este caso, Headey dejó claro que su negativa no era un gesto caprichoso, sino una manera de proteger el trabajo que sí le importaba hacer.
No habría podido hacer la parte emocional.
La actriz explicó que habría estado completamente a la defensiva si hubiese rodado ella misma esa parte de la escena. Rodeada de 3.000 extras y con un reparto ya convertido en un fenómeno global, describió aquel contexto como una locura incluso para algo tan simple como ir a cualquier sitio.
"No habría podido hacer la parte emocional del trabajo; habría estado completamente a la defensiva". - Lena Headey, actriz
Ahí aparece una idea menos visible, pero decisiva. Actuar, dijo ella misma, es una gozada, aunque también exige muchísimo, y esa exigencia cambia de sentido cuando la intérprete siente que debe resistir en vez de concentrarse en el personaje.
Para entonces, además, la frontera entre la actriz y el icono popular ya casi había desaparecido. Ese nivel de exposición ayuda a entender por qué una decisión personal sobre el propio cuerpo podía convertirse, de pronto, en una disputa pública sobre autenticidad, un debate que recuerda a montajes sexuales hiperrealistas donde el rostro termina pesando más que la voluntad de la persona retratada.
Headey describe un oficio donde el cuerpo formaba parte del peaje
Cuando mira atrás, Headey no habla solo de su caso. También describe una industria en la que, durante años, muchas actrices jóvenes atravesaban una especie de rito de iniciación que solía incluir besos, romances, sexo y desnudos, todo ello envuelto en la etiqueta más amable de los llamados papeles de ingenua.
"Había una especie de rito de iniciación por el que tenían que pasar todas las actrices jóvenes, que normalmente implicaba besarse, enamorarse, tener relaciones sexuales y enseñar los pechos. Los llamaban papeles de ingenua, para que sonara más bonito". - Lena Headey, actriz
Su matiz resulta importante porque no se coloca en el centro del daño ajeno. Headey sostuvo que ella podía defenderse, mientras que otras actrices eran mucho más jóvenes, más vulnerables y con mucha menos experiencia ante la cámara y ante la presión de quienes mandaban.
Tampoco se presenta como una heroína retrospectiva. Contó que, en su caso, desactivaba muchas situaciones incómodas haciendo el idiota, una salida tan personal como reveladora de un ambiente donde improvisar mecanismos de defensa parecía formar parte del aprendizaje, igual que ocurrió en rodajes con mayoría masculina que siguen marcando la cultura del set.
El efecto de #MeToo también cambió la respuesta de las más jóvenes
Headey considera que la industria ha cambiado profundamente tras el impacto de #MeToo. No lo plantea como una abstracción, sino a través de algo mucho más concreto, la forma en que hablan hoy las jóvenes mujeres con las que trata dentro del oficio.
"Pienso que la mayoría de jóvenes mujeres con las que hablo en este negocio ya lo entienden. Su actitud hoy es de: 'Ni de coña voy a hacer algo así'". - Lena Headey, actriz
La frase tiene fuerza porque condensa un giro generacional entero. Durante años, a muchas actrices se les pidió naturalizar escenas y exigencias que se presentaban como parte del trabajo, mientras ahora la negativa puede formularse sin rodeos y sin esa vieja obligación de parecer agradecida.
Queda entonces una paradoja difícil de ignorar. Una de las escenas más famosas de Juego de tronos necesitó el cuerpo de Rebecca Van Cleave y el rostro de Lena Headey, pero la discusión pública que más ruido hizo no fue sobre el consentimiento ni sobre la presión del rodaje, sino sobre la sospecha de que la ficción había engañado al espectador.