Cada cierto tiempo, una ciudad decide reescribir el guion de su propia mitología. Así lo hace Los Ángeles, que este jueves ha anunciado un giro inesperado en la historia de los Oscar la ceremonia más famosa del cine mundial dejará su hogar de Hollywood Boulevard para instalarse, a partir de 2029, en el corazón del centro de la ciudad. No será solo un cambio de escenario. Será un traslado simbólico, un movimiento de ficha en el ajedrez cultural de una metrópolis que quiere modernizar su relato sin renunciar a su esencia.
Un nuevo escenario para una ceremonia centenaria
La 101.ª edición de los premios Oscar, que marcará el inicio de una nueva década de galas, se celebrará en el Teatro Peacock, dentro del complejo L.A. LIVE. Este espacio, recientemente ampliado con 370.000 metros cuadrados de infraestructura audiovisual y logística, ya alberga eventos de primer nivel, como los premios Emmy. Ahora asume el desafío de convertirse en la nueva casa de los Oscar, un papel que ha desempeñado el Dolby Theatre desde 2002, salvo excepciones.
El acuerdo con AEG, compañía de entretenimiento detrás del complejo, tendrá una duración de diez años. Una alianza estratégica que no solo redefine el mapa físico de la gala, sino también su proyección digital. Por primera vez, la ceremonia se retransmitirá de forma global a través de YouTube, una señal clara de que los Oscar buscan ampliar su alcance más allá de la pantalla tradicional. Hasta ahora, ABC ha sido la cadena encargada de la transmisión en Estados Unidos, y lo seguirá siendo al menos hasta la centésima edición.
El adiós a una era en Hollywood Boulevard
El Dolby Theatre, testigo de noventa y siete ediciones de los Oscar, se despide como un escenario cargado de memoria colectiva. Fue allí donde hace apenas unos días, durante la 98.ª gala, "Una batalla tras otra" de Paul Thomas Anderson se alzó con las estatuillas a Mejor película y Mejor dirección. Un triunfo que, irónicamente, se consumó en el último gran acto del festival en su sede tradicional antes del centenario.
Los próximos años serán de transición. La edición 99 se celebrará aún en el Dolby; la número 100 cerrará el ciclo en 2028 con toda la pompa que merece una efeméride histórica. Solo entonces, con el peso del siglo cumplido, los Oscar darán el salto al centro de la ciudad, como si necesitaran atravesar el umbral del pasado para reinventarse.
"L.A. LIVE fue construido para albergar los momentos que definen la cultura, y no hay un escenario global más grande que los Oscar" - Todd Goldstein, director de Ingresos de AEG
La mudanza no es solo geográfica. Es también una apuesta por la experiencia la Academia ha destacado que la nueva sede permitirá ampliar las llegadas y actividades de la alfombra roja, integrando mejor a la audiencia presencial con el espectáculo televisado. El diseño del Teatro Peacock, pensado para eventos multicanal, permitirá una producción más flexible, más conectada con las plataformas digitales y, probablemente, más inmersiva.
¿Dónde termina el cine y empieza la ciudad?
Hay algo profundamente humano en este cambio la necesidad de que los rituales evolucionen. Los Oscar, nacidos en 1929 como una cena íntima en el Hollywood Roosevelt Hotel, se han convertido en un fenómeno de masas, en un producto global que debe negociar cada año su relevancia. Al trasladarse al centro de Los Ángeles, los Oscar también buscan acercarse a una ciudad más diversa, más conectada, más urbana. Dejando atrás la iconografía turística de Hollywood, apuestan por un espacio que late al ritmo de los deportes, la música y los grandes eventos en vivo.
La industria del cine está en transformación. Las salas compiten con los algoritmos de las plataformas, los directores se convierten en marcas, y las ceremonias deben reinventarse para no convertirse en reliquias. Que los Oscar elijan YouTube como socio de retransmisión global es un guiño a esa realidad ya no basta con tener estrellas en la alfombra roja; hay que conquistar la atención en la pantalla del bolsillo.
En 2029, cuando las cámaras enfoquen por primera vez el nuevo escenario del Teatro Peacock, no será solo el inicio de una ceremonia. Será el comienzo de una nueva narrativa la de unos premios que, a pesar de su edad, siguen buscando su lugar en el mundo que ayudaron a crear. Y tal vez, en ese gesto de mudanza, haya más cine del que parece.