Mad Max vuelve a colocarse en una encrucijada curiosa. George Miller quiere levantar una última película y una serie de televisión de la saga, pero ese regreso nace justo después de un tropiezo comercial que ha dejado a Warner visiblemente molesta.
La paradoja tiene cifras muy concretas. Furiosa, con Anya Taylor-Joy y Chris Hemsworth al frente, recaudó 174 millones de dólares en 2024 frente a un presupuesto de 168 millones, una distancia demasiado corta para una franquicia de este tamaño y para un estudio que esperaba algo más que equilibrio sobre el papel.
George Miller quiere volver a Max tras el paso de Furiosa
Miller no apunta ahora a otro desvío dentro del desierto, sino al personaje que sigue funcionando como eje de gravedad de la saga. La nueva película se centraría en Max, el mismo papel que Tom Hardy encarnó en Mad Max Fury Road, con la intención de recuperar la figura que dio forma al relanzamiento moderno de la franquicia.
Esa decisión dice bastante sobre el momento que atraviesa la marca. Furiosa ampliaba el mapa, cambiaba de protagonista y exploraba los márgenes del universo, pero el siguiente movimiento busca de nuevo al conductor original del caos.
Además, el plan no termina en el cine y se cruza con el rodaje de Fury Road como referencia inevitable. La serie de televisión serviría para expandir el universo de Mad Max Fury Road, una forma de estirar la historia por otro formato sin abandonar el territorio visual y narrativo que convirtió aquella película en el centro de la conversación.
Warner pierde entusiasmo mientras otros estudios ven una oportunidad
Ahí aparece la grieta industrial. Warner mostró su enfado por el resultado comercial de Furiosa, de modo que el impulso creativo de Miller convive con una duda empresarial bastante menos romántica y mucho más contable.
Tres grandes compañías ya observan esa grieta con interés. Amazon, Universal y Sony quieren adquirir los derechos para producir y financiar los nuevos proyectos, un movimiento que convierte una decepción de taquilla en una posible subasta por una de las sagas más reconocibles del cine de acción reciente.
No es una tensión menor. Cuando una franquicia cambia de manos posibles después de una recaudación discreta, lo que está en juego no es solo quién paga la siguiente película, sino quién decide qué versión del mito sobrevive.
También pesa el antecedente de fenómenos recientes de taquilla, donde los estudios siguen midiendo con dureza la distancia entre coste e impacto. En ese terreno, los 174 millones de Furiosa frente a 168 millones de presupuesto dejan poco margen para la épica y obligan a mirar el desierto con una calculadora en la mano.
Miller quiere cerrar la historia con una última película y, al mismo tiempo, abrirla en televisión. Warner llegó a irritarse por una entrega que apenas superó su presupuesto. Y mientras Max se perfila otra vez como el rostro central de la saga, Amazon, Universal y Sony ya rondan los derechos de un universo que sigue generando deseo incluso cuando la taquilla no acompaña.