Hollywood lleva meses discutiendo si la inteligencia artificial empobrece el cine o solo cambia algunas herramientas. Ahora esa discusión suma un nombre difícil de ignorar, porque Martin Scorsese, director de 83 años, se ha unido a Black Forest Labs como asesor.
El movimiento no llega desde un laboratorio aislado ni desde una startup desconocida para la conversación cultural. Llega de un cineasta asociado a 70 años de storyboards hechos por su propia mano, una práctica casi artesanal que define cómo imagina una escena antes de rodarla.
Scorsese probó FLUX en una escena de preproducción
Durante ese trabajo previo al rodaje, Scorsese utilizó FLUX, una línea de modelos de inteligencia artificial de código abierto para generación de texto a imágenes. No habla de una hipótesis ni de una curiosidad técnica, sino de una herramienta ya incorporada a una escena de preproducción.
Ahí aparece una de las claves del debate. La inteligencia artificial no entra aquí como sustituto directo del rodaje o de la interpretación, sino como apoyo en un momento muy concreto del proceso, el de traducir una imagen mental en algo visible para el equipo.
Este martes, Scorsese explicó su relación con ese problema de manera muy directa.
"Durante 70 años, he creado mis propios storyboards. Siempre ha existido el problema de cómo comunicar lo que uno ve en su cabeza al elenco y al equipo. Hay cosas que uno tiene que ver y sentir." - Martin Scorsese, director de cine
La frase importa porque sitúa el asunto en un terreno menos abstracto de lo habitual. No habla de automatizar el cine, habla de una dificultad muy vieja en cualquier rodaje, conseguir que varias decenas de personas vean la misma película antes de que exista.
Scorsese también describió esa capacidad de visualizar y compartir el storyboard de inmediato como una liberación creativa. En su experiencia, el uso de la herramienta durante la preproducción les permitió avanzar más rápido sin sacrificar la calidad ni la técnica.
La promesa no está en la pantalla final, sino en el tiempo que ahorra
Más tarde, en un vídeo promocional, el director aterrizó esa ventaja en términos muy concretos de producción. No puso el foco en la novedad de la máquina, sino en algo mucho más terrenal para cualquier rodaje, el calendario y el cansancio acumulado.
"Si dispones de una herramienta como esta, podrías resolverlo mucho más rápido, ahorrar tiempo de producción y, además, reducir el desgaste del equipo." - Martin Scorsese, director de cine
En el cine, ahorrar tiempo no es una abstracción elegante. Son jornadas menos tensas, decisiones antes resueltas y menos fricción entre lo que el director imagina y lo que vestuario, fotografía, arte o actores entienden que deben construir.
Scorsese también añadió en el comunicado que le interesa la intersección entre tecnología y narrativa, y cómo esa combinación puede expandir los límites de la creatividad para crear experiencias más profundas y enriquecedoras para el público.
Otros grandes directores ya habían tomado posiciones muy distintas
Su entrada en Black Forest Labs no ocurre en el vacío. James Cameron, director de cine, se unió el año pasado a la junta directiva de Stability AI, otro gesto que confirma hasta qué punto las grandes figuras de la industria ya participan en empresas de inteligencia artificial.
Pero la fotografía está lejos de ser uniforme. Guillermo del Toro, director de cine, ha expresado en varias ocasiones un rechazo total al uso de inteligencia artificial para la creación cinematográfica, una postura que convierte cada nuevo apoyo en un episodio más de una discusión todavía abierta.
De ahí que el caso de Scorsese resulte tan revelador. Un director asociado a una forma muy personal y manual de planificar sus películas usa una herramienta de texto a imagen no para reemplazar su mirada, sino para compartirla antes y con menos desgaste del equipo.
La tensión no está entre cine clásico y software, sino dentro del propio oficio. Mientras Guillermo del Toro rechaza de plano la inteligencia artificial para crear cine, Scorsese la incorpora justo en el punto donde durante 70 años detectó el mismo problema, hacer visible lo que solo existía en su cabeza.