Hay debates culturales que cambian de tono en cuanto aparece un nombre propio. La discusión sobre la inteligencia artificial generativa en el cine entró en esa fase cuando Martin Scorsese, director de ‘Taxi Driver’, ‘Toro salvaje’ y ‘Uno de los nuestros’ utilizó inteligencia artificial para elaborar storyboards en su última película.
Scorsese no habló de una hipótesis remota ni de una herramienta ajena. La usó para resolver una pregunta muy concreta del trabajo cinematográfico, cómo trasladar al equipo lo que un director ve antes de que exista la escena.
Scorsese situó el debate en la preproducción
En un vídeo promocional de Black Forest Labs para su producto Flux, el cineasta planteó ese problema con una formulación casi elemental, pero decisiva para cualquiera que haya pisado un rodaje.
"¿Cómo le comunicas lo que ves en tu cabeza a tu elenco y equipo?" - Martin Scorsese, director de cine
Después añadió otra idea breve que resume su posición ante estas herramientas.
"Tenemos que estar abiertos". - Martin Scorsese, director de cine
A partir de ahí apareció la fricción. Porque en el cine un storyboard no es solo un boceto útil, también es una zona de encuentro entre dirección, arte, fotografía, diseño y producción, un espacio donde muchas manos convierten una intuición en una imagen compartida.
Ese es precisamente el punto que activó la respuesta sindical. El 9 de junio de 2026, el Art Directors Guild, IATSE Local 800, publicó un comunicado dirigido a Scorsese por su apoyo a la inteligencia artificial generativa.
El sindicato respondió con un reproche frontal
Lejos de tratarlo como una simple actualización técnica, el sindicato presentó el gesto como un choque con la forma misma en que se construye una película.
"Señor Scorsese, la industria no está en constante cambio". - Art Directors Guild, IATSE Local 800
El comunicado fue todavía más lejos al acusar al director de dar la espalda a los artistas humanos que, durante su carrera, le ayudaron a levantar algunas de sus obras más recordadas. No es una réplica menor cuando se dirige a quien firmó títulos como ‘Casino’, ‘El aviador’, ‘El lobo de Wall Street’, ‘El irlandés’ y ‘Los asesinos de la luna’.
Además, el texto describió la inteligencia artificial generativa que promociona Scorsese como una “traición al cine” y también como una “traición a la naturaleza colaborativa del cine”. La discusión, por tanto, no gira solo en torno a una herramienta, sino alrededor de quién participa y quién queda fuera del proceso creativo.
La crítica apuntó al origen de las imágenes
El Art Directors Guild, IATSE Local 800, sostuvo que estos sistemas funcionan ingiriendo grandes cantidades de obras protegidas por derechos de autor, probablemente extraídas de internet sin consentimiento, reconocimiento, remuneración ni transparencia.
Esa acusación conecta el conflicto laboral con otro frente más amplio. No habla únicamente del empleo en un rodaje, también del material previo con el que una máquina aprende a producir imágenes que luego entran en la cadena de trabajo.
En ese marco, el sindicato subrayó que la promoción de esta tecnología elude la aportación de directores de arte, artistas gráficos, ilustradores, diseñadores de producción, pintores escenográficos y escenógrafos integrados en la organización. La crítica no apunta a un oficio aislado, sino a un conjunto de tareas que históricamente han dado cuerpo visual a una película.
Resulta difícil encontrar una figura más simbólica para esta disputa. Si un director asociado a décadas de cine hecho con equipos numerosos y oficios muy definidos usa IA para una fase tan temprana como el storyboard, la discusión deja de parecer teórica y pasa a tocar el nervio de cómo se reparten la autoría, el tiempo y el trabajo dentro de un set.
La tensión queda encerrada en dos frases incompatibles entre sí. Para Scorsese, la cuestión es cómo compartir una imagen mental con su equipo. Para el Art Directors Guild, IATSE Local 800, esa misma operación ya implica apartar a parte de los artistas que convierten esa visión en cine.