Hace apenas unos días, las salas de cine se llenaron de corbatas de cuadros, guantes blancos y ese ritmo inconfundible que sacude el cuerpo antes incluso de que empiece la música. No era un concierto, pero parecía uno el estreno de *Michael*, la esperada biografía cinematográfica de Michael Jackson, ha irrumpido con fuerza en la cartelera mundial, como si el Rey del Pop hubiera decidido regresar, esta vez no con un álbum, sino con una película.
Un estreno con corona
En Estados Unidos, se prevé que la cinta recaude hasta 90 millones de dólares en su primer fin de semana. Una cifra que, de confirmarse, la convertiría en el segundo mejor estreno del año, solo por detrás de la fenomenal acogida de *Super Mario Galaxy La película*, pero muy por encima de títulos como *Proyecto Salvación*. A nivel global, las proyecciones superan los 180 millones de dólares, un número que, dada la demanda internacional, podría ajustarse al alza en cuestión de días.
Pero hay un récord que llama especialmente la atención el de los biopics musicales. La cinta amenaza con superar los 60 millones de dólares que logró *Straight Outta Compton* en 2015, convirtiéndose así en el mejor estreno del género. Y no es solo una cuestión de números. Es la prueba de que, más de una década después de su muerte, Michael Jackson sigue atrayendo multitudes, generando emoción y, también, debate.
El precio de la imagen
El rodaje de *Michael* no ha sido sencillo. Con un presupuesto de producción de 200 millones de dólares una de las cifras más altas para un biopic musical, Lionsgate, la productora detrás del proyecto, no solo tuvo que lidiar con la complejidad de recrear una carrera tan monumental, sino también con la sombra de la controversia. Partes de la vida del cantante consideradas polémicas fueron retiradas o suavizadas, una decisión que algunos ven como necesaria para proteger su legado, y otros como una omisión peligrosa.
Es un equilibrio delicado retratar a un artista que transformó la música, la danza y la industria del espectáculo, sin ignorar los aspectos más oscuros de su historia personal. La película opta por centrarse en su genio creativo, en los años dorados del *moonwalk*, el traje militar y los álbumes que vendieron cientos de millones de copias. Pero, inevitablemente, la ausencia de ciertos capítulos también habla.
Un fenómeno global
El impacto no se ha limitado a Estados Unidos. En España, *Michael* se alzó como número uno en taquilla desde el miércoles de estreno, manteniéndose líder durante jueves y viernes. En Francia, recaudó 2,6 millones de dólares en su primer fin de semana, registrando el mejor estreno de un biopic en el país y superando incluso al aclamado estreno de *Oppenheimer*. En el Reino Unido, la cifra fue similar, y más significativa aún superó al debut de *Bohemian Rhapsody*, el biopic de Queen que marcó un antes y un después en el género.
Universal, encargada de la distribución internacional, ha apostado fuerte por una estrategia global coordinada. Y los resultados, al menos en estos primeros días, indican que la apuesta está dando frutos. Las salas se llenan no solo de fans de toda la vida, sino también de jóvenes que descubren a Jackson a través del cine, como otros lo hicieron con Freddie Mercury.
¿Qué dice este éxito sobre nosotros?
Quizá lo más revelador de este fenómeno no sea la recaudación, sino lo que dice sobre nuestra relación con las estrellas. Michael Jackson sigue siendo un espejo en él vemos el genio, la tragedia, la fascinación por el mito y la ambigüedad de la fama absoluta. La película no solo cuenta su historia, sino que también explora cómo construimos y reconstruimos a nuestros ídolos desde la distancia.
Hay algo casi ritual en ver a una multitud tararear *Billie Jean* en la oscuridad de una sala, como si el acto colectivo de recordar pudiera, por un momento, hacerlo presente otra vez. Y eso, más allá de los millones en taquilla, es el verdadero poder del cine no solo narrar vidas, sino resucitarlas, aunque sea por dos horas.