Michael Peterson llamó a urgencias la noche del 9 de diciembre de 2001. Su voz transmitía la urgencia de quien acaba de encontrar a su esposa, Kathleen, inconsciente al pie de las escaleras en su casa de Durham, Carolina del Norte.
En una segunda comunicación, el hombre informó de que ella había dejado de respirar. Los agentes que acudieron al lugar certificaron el deceso por desangramiento y arrestaron a Peterson bajo la acusación de asesinato.
La autopsia reveló heridas severas en la parte trasera de la cabeza de la víctima. Este hallazgo llevó a la fiscalía a sostener que Kathleen fue golpeada hasta morir, una teoría que Candace Zamperini, cuñada del acusado, impulsó con firmeza desde el inicio.
El documental filtró grietas en la acusación estatal
Mientras se preparaba el juicio, el director Jean-Xavier de Lestrade y el abogado defensor David Rudolf alcanzaron un pacto. El equipo audiovisual no estrenaría el documental antes de la sentencia y Rudolf tendría potestad para editar cualquier material que pudiera perjudicar futuras apelaciones.
Tres meses después de comenzar el rodaje, el fiscal del distrito rompió el acuerdo. Impidió que las cámaras registraran su versión de los hechos, una decisión que generó suspicacias entre los realizadores.
"Pudo deberse a que no les gustaba nuestra forma de trabajar o a que eran conscientes de que no tenían un caso sólido." - Jean-Xavier de Lestrade, director del documental
Las imágenes capturadas durante el proceso judicial terminaron siendo cruciales. El equipo de defensa utilizó ese material filmado como base para solicitar la reapertura del caso años más tarde.
La estrategia de la duda razonable enfrentó prejuicios morales
Durante cuatro meses de vista oral, la defensa basó su argumentación en sembrar la incertidumbre. Planteaban escenarios alternativos como un ataque de un búho, un resbalón accidental o incluso golpes propinados por el marido, aunque sin admitir la culpabilidad directa.
El juez Orlando Hudson permitió que la fiscalía introdujera la vida privada del acusado como prueba. La policía había encontrado pornografía gay y correos electrónicos con escorts en la vivienda, datos que se usaron para cuestionar la credibilidad moral de Peterson.
El veredicto condenó a Michael Peterson a ocho años de prisión. Sin embargo, la verdad forense comenzó a desmoronarse poco después.
Una forense admitió posteriormente que la habían coaccionado para redactar el informe de la autopsia original. Además, varios técnicos de laboratorio reconocieron haber mentido durante sus declaraciones en el estrado.
La odisea judicial de Michael Peterson se extendió durante dieciséis años. Lo que comenzó como un caso de asesinato cerrado terminó convirtiéndose en un estudio sobre los fallos del sistema legal estadounidense.
Jean-Xavier de Lestrade aclaró que el interés de la historia no residía en absolver al protagonista. El misterio que rodea a Peterson y las contradicciones del proceso son lo que mantiene viva la curiosidad del público.
"El propósito de la serie nunca fue que los espectadores piensen que no es culpable. Es el misterio de Michael Peterson lo que es realmente interesante." - Jean-Xavier de Lestrade, director del documental
La complejidad de este caso ha trascendido los tribunales para llegar a la ficción. Una miniserie de ocho episodios dirigida por Antonio Campos recrea los hechos con un reparto encabezado por Colin Firth y Toni Collette.