'Monstruo' en Netflix reabre el caso Lizzie Borden con un detalle imposible: la historia salta un siglo

La nueva entrega de la antología de Ryan Murphy e Ian Brennan rescata el crimen de Lizzie Borden en Fall River, con Ella Beatty y Vicky Krieps en los papeles principales.

23 de septiembre de 2026 a las 18:48h
'Monstruo' en Netflix reabre el caso Lizzie Borden con un detalle imposible: la historia salta un siglo
'Monstruo' en Netflix reabre el caso Lizzie Borden con un detalle imposible: la historia salta un siglo

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Un crimen de 1892 vuelve a la pantalla con una anomalía difícil de pasar por alto. La nueva entrega de Monstruo, la antología de Netflix creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, rescata el caso de Lizzie Borden aunque algunos datos que rodean su presentación mezclan fechas y desplazan la historia un siglo hacia delante.

Netflix vuelve a Fall River y reabre un caso que nunca cerró del todo

Antes, la misma antología ya había recorrido los crímenes de Jeffrey Dahmer, Lyle y Erik Menendez y Ed Gein, una galería que explica por qué Lizzie Borden encaja tan bien en ese universo de violencia célebre y memoria deformada.

Todo arranca en Fall River, Massachusetts, donde aparecieron muertos Andrew y Abby Borden dentro de su casa. Abby recibió entre 18 y 19 hachazos en el segundo piso y Andrew sufrió entre 10 y 11 en la cabeza 90 minutos después de volver al hogar.

En la casa solo estaban Lizzie Borden y la doncella Bridget Sullivan.

Ese detalle ha perseguido el caso durante más de un siglo porque no encaja con la conclusión que terminó imponiéndose en la investigación. Las autoridades llegaron a sostener que era imposible que una mujer cometiera aquellos crímenes y Lizzie Borden nunca fue declarada culpable.

Las sospechas crecieron aunque el juicio no la condenó

La duda no nació de un solo indicio, sino de una cadena de gestos difíciles de ignorar. Bridget Sullivan declaró que le quitó los zapatos a Andrew Borden, pero el cadáver apareció con ellos puestos, una contradicción pequeña en apariencia y enorme en un sumario.

Un farmacéutico añadió otra pieza al rompecabezas al testificar que Lizzie Borden intentó comprar ácido prúsico sin receta días antes del crimen. Luego una vecina declaró haberla visto quemar un vestido parecido al que llevaba el día de los asesinatos.

Lizzie tenía 32 años.

La serie reparte esos papeles con Ella Beatty como Lizzie Borden y Vicky Krieps como Bridget Sullivan. Charlie Hunnam interpreta a Andrew Borden y Rebecca Hall a Abby Borden, mientras Linda Reiter encarna a Bertha y Sarah Paulson aparece como la asesina en serie Aileen Wuornos.

La ficción añade ecos laterales que también arrastran sus propias grietas

Ahí entra Bertha, un personaje rodeado por otra cronología extraña. El relato sitúa su asesinato en mayo de 1983 en Fall River con un hacha y, al mismo tiempo, lo coloca unos días antes del juicio de Lizzie Borden, una proximidad imposible si el caso principal pertenece a 1892.

La policía culpó de esa muerte a un inmigrante portugués. En la realidad, Bertha tenía 22 años y vivía con su padre y su hermano pequeño, un apunte que devuelve la historia al terreno concreto de las vidas corrientes rotas por un crimen.

También pesa la biografía familiar que quedó alrededor del caso. Andrew Borden se casó con Abby dos años después de la muerte de su primera esposa, y Emma Borden, hermana mayor de Lizzie, se mudó en 1905 a Maplecroft.

Esa mezcla entre expediente judicial, melodrama doméstico y reconstrucción televisiva recuerda por qué el crimen real sigue ocupando tanto espacio en el catálogo, como ya ocurre en documentales de crímenes recientes y en ficciones que viven de esa frontera incómoda entre archivo y espectáculo.

Lizzie Borden arrastra un mito que el cine no ha dejado de reescribir

No solo importa el sumario, también importa lo que otros contaron después. La teoría de un romance entre Lizzie Borden y Bridget Sullivan apareció en el libro Lizzie de Evan Hunter y volvió a la película de 2018 dirigida por Craig William Macneill, con Chloë Sevigny y Kristen Stewart al frente.

La historia personal de Lizzie siguió creciendo fuera del juzgado. En 1904 entabló amistad con la actriz Nance O’Neil, que más tarde se casó con el actor Alfred Hickman en 1916, una derivación social que ayuda a entender cómo un proceso penal puede terminar convertido en leyenda cultural.

Tampoco es casual que la serie invoque figuras como Aileen Wuornos o que el imaginario del crimen femenino acabe conectando con nombres tan lejanos como Erzsébet Báthory, condenada en 1604 por matar a cientos de mujeres. Entre esa condesa del siglo XVII y Lizzie Borden hay siglos de distancia, pero persiste la misma pregunta sobre cómo una sociedad mira a una asesina, o cómo decide que no puede serlo.

Al final, la tensión más incómoda sigue siendo la primera. En una casa donde solo estaban Lizzie Borden y Bridget Sullivan, Abby recibió entre 18 y 19 hachazos, Andrew entre 10 y 11, y aun así el caso terminó marcado por la idea de que una mujer no podía haberlo hecho.

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