Resident Evil borra a Leon, Alice y Jill: 90 minutos para seguir a un repartidor en Raccoon City

20 de abril de 2026 a las 08:28h
Resident Evil borra a Leon, Alice y Jill: 90 minutos para seguir a un repartidor en Raccoon City
Resident Evil borra a Leon, Alice y Jill: 90 minutos para seguir a un repartidor en Raccoon City

Cuando hablas de adaptaciones de videojuegos al cine, el escepticismo es casi un reflejo condicionado. Han pasado décadas de intentos fallidos, de productos que traicionaban el espíritu de sus fuentes originales, de efectos excesivos y alma ausente. Pero algo diferente está ocurriendo con la nueva película de *Resident Evil*. No es una secuela más, no repite fórmulas. Es una apuesta arriesgada borrar el pizarrón y empezar de nuevo, sin Leon, sin Alice, sin Jill. Sin los rostros conocidos del universo de Capcom. Y, sin embargo, los primeros que la han visto dicen que nunca la saga había estado tan viva.

Un reparto desconocido, una historia urgente

El protagonista se llama Bryan, interpretado por Austin Abrams, y es un simple repartidor. Nada de agentes especiales ni científicos renegados. Bryan recibe una misión aparentemente rutinaria entregar un maletín al Hospital de Raccoon City. Pero la ciudad ya no es la misma. Un brote viral se ha desatado, las calles arden, el caos devora la normalidad. En cuestión de minutos, lo que debía ser un encargo se convierte en una carrera por sobrevivir. La trama, adelantada por fuentes cercanas a la producción, explota esa sensación de impotencia que tanto caracteriza a los juegos eres vulnerable, no tienes control, y cada esquina puede ser la última.

La decisión de prescindir de los personajes icónicos ha sorprendido, pero también liberado. Sin la carga de la continuidad ni el peso de las expectativas, la película parece respirar con autonomía. Y eso, en el mundo de las adaptaciones, es raro. Muy raro.

90 minutos de tensión pura

En una era de superproducciones interminables, una película de terror de 90 minutos suena casi revolucionaria. Es un regreso a la esencia del género ritmo acelerado, mínimos descansos, tensión acumulada desde el primer fotograma. Pero no es solo la duración lo que llama la atención, sino cómo se cuenta la historia. La cinematografía replica los planos fijos y las cámaras estratégicas de los primeros *Resident Evil*, esos que definieron el survival horror en los años 90. Aquellos momentos en los que abrías una puerta y, de repente, te enfrentabas a una escena pregrabada que te helaba la sangre. La nueva película parece querer recrear esa sensación, pero en tiempo real.

Los primeros pases de prueba, organizados por Sony en varios países, han dejado a los asistentes con una impresión casi unánime esta es la mejor adaptación live-action de la saga hasta la fecha. No solo por su fidelidad estética, sino por capturar algo más profundo el miedo a lo desconocido, la claustrofobia urbana, la deshumanización del virus. Algunos han ido más allá la definen como una "Fury Road de terror", una avalancha visual y emocional que no da tregua. No es una descripción menor.

Un reboot con visión

Zach Cregger, director conocido por su oscuro sentido del humor y su dominio del suspenso en *Barbarian* (2022), parece haber entendido que el verdadero terror no está en los monstruos, sino en lo que estos representan. En este caso, una corporación despiadada, un virus que muta más rápido que la respuesta humana, y una ciudad que se convierte en laboratorio. Hay una crítica latente, sutil pero presente, a la negligencia institucional y al individualismo en tiempos de crisis.

La película no intenta complacer a todos, y eso es precisamente lo que la hace interesante. No hay fan service gratuito, ni guiños excesivos. En su lugar, hay una narrativa limpia, enfocada en el presente inmediato. Bryan no sabe quién lo envió, ni qué contiene el maletín. Solo sabe que debe llegar. Y durante esos 90 minutos, nosotros corremos con él.

El regreso del survival horror al cine

El estreno en cines de España está programado para el 18 de septiembre, y ya empieza a generar un murmullo distinto no es solo hype, es expectación genuina. Por primera vez en mucho tiempo, una adaptación de videojuego no parece un simple producto comercial, sino una obra con intención. Con estilo. Con riesgo.

Quizá lo más revelador no sea lo que la película hace bien, sino lo que se atreve a dejar fuera. Al eliminar lo conocido, recupera lo esencial el miedo. Y en un mundo donde el horror se ha banalizado con jump scares y fórmulas repetidas, eso es, sin duda, un acto de valentía cinematográfica.

La pregunta ya no es si esta película hará justicia al videojuego. Tal vez deberíamos preguntarnos si los videojuegos, de ahora en adelante, tendrán que hacer justicia a esta película.

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