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Ridley Scott vuelve a un territorio que conoce bien, pero esta vez lo hace sin zombis.
La constelación del perro adapta la novela homónima de Peter Heller, publicada en España por Blackie Books, y coloca en el centro a Hig, un superviviente que recibe una señal por radiofrecuencia desde Grand Junction. Ahí aparece una tensión muy de Scott, porque la promesa de rescate convive con un paisaje de aislamiento donde cada sonido puede cambiarlo todo.
Ridley Scott filma una historia de supervivencia sin recurrir a zombis
Lo aclara él mismo cuando habla de la película y corta de raíz una asociación casi automática con el género posapocalíptico.
"Hay muchas películas de zombis, no los hay aquí". - Ridley Scott, director de la cinta
La precisión importa porque cambia la expectativa del espectador. No estamos ante una cacería de monstruos, sino ante una historia de soledad, amenaza difusa y una llamada de radio que funciona como brújula emocional.
Josh Brolin interpreta a Bangley. El reparto suma además a un Hig encarnado por un actor de ascendencia vasca, un detalle que añade una capa inesperada a un personaje obligado a sostener casi todo el peso humano del relato.
La cámara cuenta tanto como los personajes
Scott está a punto de cumplir 89 años y sigue hablando del encuadre con una convicción casi artesanal. En una época dominada por franquicias y pantallas saturadas, resulta llamativo que insista en una idea tan básica y tan difícil a la vez, dónde colocar la cámara.
Cuando pienso en su filmografía, de Alien a Blade Runner, de Thelma & Louise a Gladiator, esa obsesión no suena a teoría, sino a método.
"La fotografía es el retrato de cualquier película, ya sea un largometraje o un anuncio. El problema es que, a menudo, la gente no sabe dónde colocar la cámara". - Ridley Scott, director de la cinta
Esa mirada ayuda a leer otra de sus frases sobre la película. Scott sostiene que la poesía de esta historia está en el lenguaje visual, de modo que el paisaje, la distancia y el silencio no acompañan la trama, sino que forman parte de ella.
También ahí encaja la elección de Mark L. Smith para el guion. El escritor firmó El Renacido, una obra donde el cuerpo, la intemperie y el esfuerzo físico pesan tanto como los diálogos, y ese precedente sugiere una adaptación más atenta a la resistencia que a la explicación.
Una señal de radio basta para poner el mundo en marcha
Desde Grand Junction llega la señal que empuja la trama y convierte un gesto técnico en una pregunta muy humana. ¿Qué vale más en un mundo roto, la prudencia de quedarse o la necesidad casi irracional de comprobar si al otro lado sigue habiendo alguien?
Ridley Scott ya ha contado otras veces personajes enfrentados a espacios hostiles, pero aquí la escala parece más íntima. La llamada por radiofrecuencia reduce el conflicto a una decisión concreta y empuja a Hig fuera de su refugio.
En el fondo, esa puede ser la clave más fértil de la película.
Un director que roza los 89 años, un guionista marcado por la supervivencia extrema y una historia que arranca con una señal desde Grand Junction componen una combinación muy precisa, porque antes de cualquier espectáculo queda una pregunta sencilla y antigua sobre quién responde cuando alguien llama.