'Saló' llegó a los cines tras el asesinato de Pasolini y la censura: Italia la retrasó hasta 1975

Pier Paolo Pasolini fue asesinado tres semanas antes del estreno de 'Saló'; la película sufrió retrasos, prohibiciones en varios países y versiones sin censurar.

03 de mayo de 2026 a las 10:54h
'Saló' llegó a los cines tras el asesinato de Pasolini y la censura: Italia la retrasó hasta 1975
'Saló' llegó a los cines tras el asesinato de Pasolini y la censura: Italia la retrasó hasta 1975

La sombra de la violencia se cernía sobre el rodaje antes incluso de que llegara el estreno. Pier Paolo Pasolini fue asesinado tres semanas antes de que su obra viera la luz en las pantallas. El director italiano no solo enfrentaba la censura, sino un destino trágico que marcaría para siempre la historia del cine.

Su cuerpo apareció con señales de una brutalidad extrema huesos rotos y quemaduras parciales. Los forenses encontraron signos de haber sido atropellado varias veces por su propio coche. La escena sugería un ajuste de cuentas o un intento fallido de encubrir otro crimen mayor.

El contexto social era explosivo. Italia vivía bajo la tensión de los años setenta, un periodo marcado por conflictos políticos profundos. La película, basada en la novela del marqués de Sade, trasladaba la acción a la República de Saló durante el régimen fascista de Mussolini.

Cuatro señores ligados al gobierno autoritario escogen a ocho personas como víctimas. La narrativa es cruda y despiadada, buscando chocar con la moral burguesa de la época. Pero detrás de la ficción, la realidad del rodaje también resultó sangrienta.

Varios actores sufrieron quemaduras y abrasiones reales durante las grabaciones. Las escenas de sexo homosexual, coprofilia y sadomasoquismo exigían un costo físico enorme. El equipo compartía platos de risotto y partidos de fútbol con los rodajes vecinos, creando una atmósfera de convivencia forzada.

Bernardo Bertolucci dirigía Novecento justo al lado. Ambos proyectos conviven en la memoria colectiva como ejemplos de cine transgresor. Sin embargo, mientras uno celebraba la historia italiana, el otro navegaba aguas turbias de explotación y peligro.

La producción enfrentó obstáculos logísticos graves. Se robó parte del metraje durante el proceso de grabación. Los ladrones reclamaban un rescate a cambio de devolver los fotogramas. Pasolini se negó a pagar y tuvo que regrabar las escenas desde otro ángulo.

Ese incidente podría estar conectado con la trama final. Surgieron pruebas que sugerían un intento de extorsión vinculado al robo. La línea entre el cine y el crimen se difuminaba peligrosamente en aquella locación.

El joven Pino Pelosi confesó haber realizado el asesinato en defensa propia. Aseguró que el motivo fue la ideología comunista del director. Su declaración parecía cerrar el caso, pero la verdad permanecía oculta tras muros de silencio.

En 2005, Pelosi se retractó de dicha confesión. Alegó que fue forzado a hacerla por amenazas a su familia. La justicia tardó décadas en revisar las piezas de un rompecabezas manchado de sangre.

La película tardó en llegar a los cines. Italia retrasó su estreno hasta finales de 1975 después del rechazo inicial. Países como Australia, Nueva Zelanda, Canadá o Reino Unido prohibieron su exhibición durante años.

A pesar de las prohibiciones, versiones sin censurar saltaron el veto. Fueron exhibidas en salas británicas cuando menos se esperaba. La obra resistió el tiempo y la represión, convirtiéndose en un símbolo de libertad artística.

Hoy recordamos a Pasolini no solo como víctima, sino como un visionario incomprendido. Su muerte sigue siendo un misterio abierto, lleno de contradicciones y silencios incómodos. La película permanece como un testigo mudo de aquella época oscura.

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