“Sidosa” recaudó 2.900 euros en 3 días: ¿la polémica empuja… o repela cuando se trata de VIH?

Del 24 al 26 de abril, Sidosa se estrenó en pocas salas y sumó 2.900 euros, con 138 euros por sala y puesto 34. Jordi Évole la defendió en redes pese al revuelo.

30 de abril de 2026 a las 15:16h
“Sidosa” recaudó 2.900 euros en 3 días: ¿la polémica empuja… o repela cuando se trata de VIH?
“Sidosa” recaudó 2.900 euros en 3 días: ¿la polémica empuja… o repela cuando se trata de VIH?

Hay películas que llegan con el rugido de una superproducción, con campañas de marketing que inundan las pantallas y las redes. Otras, en cambio, aterrizan en silencio, casi de puntillas, confiando en la fuerza del mensaje. Sidosa no entró en los cines así. Entró a golpes. Con polémica, con provocación, con desafío. Un título que recupera un insulto, una historia personal de un hombre que vive con el VIH, y el peso mediático de Jordi Évole como productor. Todo parecía dispuesto para un estreno impactante. Pero los números, fríos y precisos, cuentan otra historia.

Un título que duele, un estreno que decepciona

El fin de semana del 24 al 26 de abril, Sidosa se estrenó en pocas salas y con una recaudación de apenas 2.900 euros. Ni siquiera alcanzó los 1.500 espectadores. Con una media de 138 euros por sala, ocupó el puesto 34 en la clasificación nacional. En un contexto de taquilla que superó los 7,5 millones de euros un 43% más que la semana anterior, esos números no solo son bajos, son casi simbólicos. Mientras Michael, el documental sobre Michael Jackson, acaparaba el 43% de la recaudación (unos 2,5 millones de euros), o Torrente presidente sumaba más de 240.000 euros con una media de 806 por sala, Sidosa pasó casi inadvertida. Incluso quedó por debajo de estrenos como Después de Kim, también con escasa presencia, o Casi todo bien, que logró 3.800 euros con una media similar.

No se trata de comparar géneros ni pretender que un documental social compita con una comedia de acción o una adaptación de videojuegos. Pero los datos ponen en evidencia algo más profundo no siempre el ruido en redes se traduce en público en las butacas. Évole, conocido por su habilidad para generar debate, no solo apostó por un tema incómodo, sino que lo defendió con uñas y dientes en redes sociales. Y cuando alguien cuestionaba el proyecto, la respuesta no se hacía esperar.

"Lo que te jode es ver un cartel en los cines de España que pone 'Sidosa', que el docu lo protagoniza un maricón y encima lo financia una empresa privada como Atresmedia. Tampoco podemos esperar mucho de cerebros DESOKUPADOS como el tuyo." - Jordi Évole, productor del documental

El texto, contundente, revela la tensión con la que se ha gestado el estreno. Una tensión que, en lugar de actuar como imán, quizás haya polarizado demasiado el mensaje. Porque detrás de la provocación, Sidosa intenta algo serio acompañar a Eduardo Casanova en su proceso de diagnóstico, tratamiento y vida cotidiana con VIH. Busca desmontar el estigma, resignificar una palabra cargada de odio y mostrar una realidad que muchos dan por superada. El VIH ya no es una sentencia de muerte, pero sigue rodeado de prejuicios, de silencios, de miedos ancestrales que no han desaparecido con los avances médicos.

¿Qué falló? O mejor ¿qué nos dice este fracaso?

Quizás lo que falló no fue el documental, sino el marco. No basta con indignarse; no basta con provocar. El público puede sentirse interpelado, pero también puede sentirse acorralado. La campaña de Évole, lejos de invitar al diálogo, a veces pareció un escudo defensivo, como si el mero hecho de cuestionar la película ya fuese una muestra de homofobia o ignorancia. Y eso, en lugar de atraer, puede repeler. Sobre todo cuando el tema ya es sensible por sí mismo. Un documental sobre VIH necesita empatía, no batalla campal.

Además, el cine español vive un momento de fragilidad. Entre superproducciones comerciales y apuestas arriesgadas que no siempre encuentran su público, hay un hueco difícil de llenar el de los documentales con vocación social. Películas como El silencio de los otros o El juego del ahorcado demostraron que es posible unir rigor, impacto y audiencia. Pero son la excepción. Sidosa llega en un momento en el que el espectador español prefiere la evasión o el humor fácil. No hay espacio para la incomodidad. O al menos, no en las salas de cine.

El verdadero destino de Sidosa aún está por escribirse. Su paso por los cines puede quedar como un tropiezo, un estreno fallido por mal encajado, por mal comunicado, o simplemente por adelantado a su tiempo. Pero su recorrido en televisión, en plataformas, en aulas, en asociaciones, puede ser muy distinto. Allí, sin la presión del estreno, sin la necesidad de competir con superhéroes o videojuegos, puede encontrar su voz. Porque el problema que aborda no desaparece con un mal fin de semana en taquilla. El estigma sigue ahí. Las palabras siguen hiriendo. Y mientras eso ocurra, películas como esta, aunque fallen en los números, no pueden considerarse un fracaso total. Solo un eco que aún busca su resonancia.

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