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Spider-Man ya ha vuelto a los cines españoles, pero la película guarda su golpe más calculado para después de los créditos.
Spider-Man: Brand New Day es la cuarta aventura en solitario del Peter Parker de Tom Holland dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Y aunque la historia principal deja a su protagonista al borde de la muerte por culpa del Castigador, la única escena poscréditos mueve la conversación hacia otro lugar.
La escena final empuja a Spider-Man fuera de la Tierra
Ned Leeds aparece ligado al dispositivo más revelador de ese cierre, el Spider Tracker. El aparato detecta un nuevo avistamiento de Spider-Man y, casi de inmediato, cambia al mensaje de error localización desconocida mientras el icono se aleja de la Tierra y la Luna rumbo al espacio.
Hay dos Spider-Man a la vez.
Ese detalle altera la lectura de la escena porque no habla solo de una desaparición, sino de una duplicación. El efecto visual, además, recuerda al lenguaje gráfico de Spider-Man: Un nuevo universo, una pista estética que apunta de frente al terreno multiversal.
La película ya venía sembrando esa mezcla de memoria, homenaje y amenaza con sus guiños a distintas portadas clásicas del personaje y con un Peter Parker llevado casi al límite físico. En ese marco, la aparición simultánea de dos avistamientos encaja menos como adorno visual que como aviso narrativo, igual que ocurrió con teorías nacidas de un solo fotograma.
Marvel conecta esta película con dos cruces mayores
Brand New Day llega justo antes de Vengadores: Doomsday, prevista para diciembre de este año. Y la escena poscréditos también deja asomar la sombra de Vengadores: Secret Wars, fijada para el próximo año.
No es una conexión improvisada. Cuando No Way Home terminó, Eddie Brock dejó en la Tierra 616 un fragmento del simbionte de Venom, una pieza pequeña en pantalla pero enorme para cualquiera que siga la lógica de estos universos enlazados.
Ese rastro simbionte y este rastreador que pierde a Spider-Man en el espacio pertenecen a la misma familia de pistas. Marvel convierte objetos concretos en promesas narrativas, como ya había hecho al preparar el puente hacia Doomsday desde la soledad de Peter Parker.
El mensaje más claro llega en la última pantalla
La escena no termina con una explosión ni con un villano desenmascarado. Termina con una frase en pantalla que funciona como promesa directa al espectador cuando Spider-Man regresará aparece después de que la señal se pierda en el espacio.
Es un cierre breve, pero también una contradicción muy medida. La película casi mata a Peter Parker en su tramo final y, apenas unos minutos después, lo sitúa fuera del mapa terrestre con dos avistamientos simultáneos y una localización imposible.
Entre la Tierra 616, la marca que dejó Venom y un rastreador incapaz de decir dónde está su objetivo, Marvel no cierra nada. Deja a Spider-Man más lejos que nunca y, al mismo tiempo, duplicado en pantalla.