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Hay un detalle que cambia la lectura de un clásico de Star Trek. Cinco años antes de que el Sr. Spock sobreviviera al escáner mental klingon en la serie de 1967, Nyota Uhura ya había pasado por esa máquina en la cuarta temporada de Star Trek: Strange New Worlds.
Ocurre en el cuarto episodio, titulado Un caso de claroscuro y construido como homenaje a Casablanca, donde la acción viaja a Mat'aar XII, un planeta ocupado por los klingon. Allí se infiltran la comandante Una Chin-Riley, a la que interpreta Rebecca Romijn, el doctor Joseph M'Benga, encarnado por Babs Olusanmokun, y la alférez Uhura, interpretada por Celia Rose Gooding.
Kor regresó con el mismo nombre que ya imponía miedo en 1967
Esta vez, además, no aparece un klingon cualquiera.
Demore Barnes interpreta al comandante Kor, el mismo guerrero klingon al que dio vida John Colicos en la primera temporada de Star Trek: The Original Series, emitida en 1967. Ese cruce convierte la escena en algo más que un guiño porque conecta de forma directa dos momentos separados por décadas de televisión y por cinco años dentro de la cronología de la saga.
Mientras Una adopta la identidad de su doble Nevette, una colaboradora klingon que en secreto lidera la resistencia local, Uhura cae bajo el interrogatorio del gobernador de Mat'aar. La tensión del episodio no nace solo del disfraz o de la infiltración, también de saber que el espectador está viendo el origen visible de un instrumento que hasta ahora pertenecía casi al terreno de la amenaza verbal.
El escáner mental por fin dejó de ser una amenaza abstracta
La serie actual lo muestra como un dispositivo del tamaño de un escritorio, una presencia física que vuelve más inquietante un concepto ya sombrío en la serie original. En 1967, la descripción era brutal porque Kor lo definía como un tamiz mental o un desgarrador de mentes capaz de registrar cada pensamiento y, si la fuerza aumentaba, vaciar la mente para siempre.
Ese antecedente ayuda a entender por qué la escena pesa tanto aunque el desenlace sea distinto.
En la serie clásica, Spock resistió gracias a sus disciplinas mentales vulcanas. Aquí, en cambio, Uhura sale adelante por una vía mucho más humana y menos blindada, cuando admite que no forma parte de la resistencia y ofrece detalles de su propio pasado hasta convencer a Kor.
Kor incluso deja caer que contra Spock los klingon aplicaron la configuración más avanzada del escáner sin lograr romperlo. La ironía es buena para el personaje y mejor para la continuidad porque la cuarta temporada en España juega precisamente con ese espacio previo en el que los nombres ya son conocidos, pero todavía no han vivido sus escenas más famosas.
Uhura venció sin la defensa mental que salvó a Spock
No deja de tener gracia que la oficial de comunicaciones supere antes que el vulcano una máquina asociada desde siempre a la fortaleza mental de Spock. La diferencia está en el método, porque él resistió cerrando la mente y ella lo hizo abriéndola justo lo suficiente para que el enemigo creyera haber encontrado la verdad.
Esa inversión encaja con un episodio que mira a Casablanca mientras rescata una pieza muy concreta del archivo klingon. Y también deja una imagen difícil de olvidar, un mueble enorme en mitad de la sala que, cinco años antes del tormento de Spock, ya había puesto a prueba la cabeza de Uhura en SkyShowtime.