Steven Spielberg: 'Usa la IA como una herramienta, pero no como la última palabra creativa'

Spielberg acepta la inteligencia artificial para tareas mecánicas y médicas, pero rechaza que decida sobre diálogos, cámara o diseño creativo en cine.

29 de mayo de 2026 a las 10:09h
Steven Spielberg: 'Usa la IA como una herramienta, pero no como la última palabra creativa'
Steven Spielberg: 'Usa la IA como una herramienta, pero no como la última palabra creativa'

Steven Spielberg no rechaza la inteligencia artificial en bloque. La acepta en tareas mecánicas e incluso le reconoce utilidad para encontrar soluciones a problemas médicos. Donde levanta un muro es en otro sitio, justo donde una película deja de ser un proceso industrial y empieza a parecerse a una conversación humana.

Esa frontera la dibuja con especial dureza en la escritura. Para el director, productor y guionista estadounidense, el problema aparece cuando una máquina no ayuda a ordenar trabajo repetitivo, sino que ocupa un lugar reservado a la imaginación, al conflicto y a la intuición de quienes escriben una historia.

Spielberg sí admite herramientas, pero no cede la decisión creativa

Su criterio no suena ambiguo. Spielberg acepta que la IA funcione como herramienta dentro del trabajo técnico, pero rechaza que actúe como autoridad final sobre un diálogo, un encuadre o el aspecto de un decorado.

Steven Spielberg, director de cine, fija ahí su límite creativo.

"Usa la IA como una herramienta, pero no la uses como la última palabra en nada creativo. Ahí es donde trazo la línea". - Steven Spielberg, director de cine

La frase condensa una discusión mucho más amplia que recorre Hollywood y buena parte de las industrias culturales. No se trata solo de qué puede hacer un algoritmo, sino de quién conserva la capacidad de decidir cuando una obra pide matiz, duda o riesgo.

Ahí aparece otra de sus imágenes más claras. Spielberg dice que no ama la IA cuando ocupa una posición o deja una silla vacía en una mesa de escritores, y convierte esa idea en una escena casi física, fácil de imaginar en cualquier sala de guion.

Steven Spielberg, director de cine, describe ese escenario que rechaza de forma literal.

"Hay seis guionistas y hay una silla vacía, hay un ordenador delante de la silla vacía y es el séptimo guionista". - Steven Spielberg, director de cine

La escena tiene algo más inquietante que futurista. No habla de robots humanoides ni de máquinas conscientes, sino de una sustitución silenciosa, la del profesional que desaparece sin estruendo mientras el proceso sigue funcionando con apariencia de normalidad.

También asoma el empleo cuando la máquina entra en la mesa de guion

Ese temor no vive solo en el terreno simbólico. Jeff Bezos, fundador de Amazon, ha planteado una consecuencia social mucho más directa al advertir que muchas familias con dos sueldos verán cómo uno de ellos abandona el mercado laboral.

La observación conecta con la imagen de la silla vacía de Spielberg de una forma incómoda. Una cosa es automatizar tiempos de producción y otra muy distinta normalizar que el hueco de un trabajador pase a entenderse como una mejora de eficiencia.

Spielberg lo formula desde una convicción casi moral. Dice que no cree en la consciencia artificial y que tampoco cree que exista sustituto para el alma creativa, una idea que vincula tanto a su educación como a su manera de ejercer el oficio.

Su rechazo nace de una idea muy concreta sobre la creación

No discute solo una herramienta, sino una forma de entender el trabajo artístico. Para Spielberg, la posibilidad de que un ordenador crea sentir más de lo que sentimos las personas choca con la base misma de la dirección y la producción cinematográfica.

Por eso sus objeciones bajan a decisiones muy concretas. No quiere que una IA le diga cómo escribir los diálogos de un personaje, dónde colocar la cámara o cómo debe verse el set, salvo que funcione como un apoyo más dentro del trabajo del diseñador de producción.

En esa lista hay una pista importante. El director no pone el foco en la espectacularidad técnica, sino en el momento exacto en que una ayuda deja de ser instrumental y empieza a reemplazar criterio, sensibilidad y responsabilidad creativa.

Esa discusión llega mientras Spielberg mantiene en marcha su propio calendario de estrenos. El día de la revelación tiene fijado su estreno para el 12 de junio de 2026, con una paradoja difícil de ignorar, la de un cineasta de ciencia ficción que acepta la máquina para acelerar procesos mecánicos, pero no le reserva ni una silla en la mesa donde nacen las historias.

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