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Hay películas que regresan al presente con una facilidad extraña. Terminator 2 puede verse hoy en Prime Video y en Movistar Plus, pero su peso no está solo en la nostalgia ni en la ciencia ficción, sino en la escala de una producción que en 1991 parecía medir hasta dónde podía estirarse Hollywood.
James Cameron escribió, dirigió y montó el largometraje.
Carolco apostó 100 millones y la taquilla respondió con más de 500
La cifra de partida ya decía mucho. Carolco, una productora independiente, financió una película que costó 100 millones de dólares y acabó recaudando más de 500 millones.
En su momento, esa suma la colocó como el tercer mayor éxito de taquilla de todos los tiempos, solo por detrás de las películas del extraterrestre y la guerra de las galaxias. No era un detalle menor, porque una empresa ajena a los grandes estudios sostenía una apuesta que terminó compitiendo en la misma liga que los gigantes del cine comercial.
El estreno llegó el 24 de octubre de 1991 y la película duraba dos horas y 16 minutos. Para entonces, Cameron ya había convertido la secuela en algo más grande que un regreso, como también ocurrió en otras superproducciones de James Cameron que llevaron al límite el tamaño de sus rodajes.
El reparto sostuvo una película donde cada cuerpo contaba
Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y Edward Furlong encabezaron un reparto que sigue siendo inseparable de la identidad de la película. A su alrededor, Brad Fiedel compuso la partitura y Constantino Romero puso en España una voz que para muchos espectadores quedó fundida con el propio personaje.
Hay un dato físico, casi incómodo, que resume bien el tipo de rodaje que exigía aquella maquinaria.
Arnold Schwarzenegger se despellejó la piel de las manos al rodar una escena sin guantes.
El éxito también se mide en las huellas que dejó fuera de plano
Esa anécdota no explica por sí sola el fenómeno, pero sí ayuda a imaginar la clase de intensidad material que acompañó a la película. A veces la historia del cine cabe en una cifra de taquilla y otras en un detalle corporal, igual que ocurre cuando un rodaje termina dejando marcas que valen tanto como una estadística.
Visto desde hoy, el contraste sigue intacto. Una producción financiada con 100 millones de dólares por una compañía independiente acabó por encima de los 500 millones y, al mismo tiempo, dejó una imagen tan concreta como la de Schwarzenegger con las manos despellejadas.
Eso quizá explica mejor que cualquier eslogan por qué la película sigue ahí. Dura dos horas y 16 minutos, se estrenó el 24 de octubre de 1991 y todavía conserva esa mezcla poco frecuente entre cifra industrial y desgaste humano.