'The Mandalorian y Grogu' en cine busca recuperar el tono clásico de la serie, pese a las críticas negativas en EE. UU.

Jon Favreau y Dave Filoni firman una película de 2 horas y 15 minutos que retoma la primera etapa de The Mandalorian y su mezcla de aventura, western y vínculo entre Mando y Grogu.

23 de mayo de 2026 a las 10:36h
'The Mandalorian y Grogu' en cine busca recuperar el tono clásico de la serie, pese a las críticas negativas en EE. UU.
'The Mandalorian y Grogu' en cine busca recuperar el tono clásico de la serie, pese a las críticas negativas en EE. UU.

Hubo un tiempo en que llevar una película de Star Wars a Cannes acabó en un recibimiento muy áspero para Solo. Ahora, con The Mandalorian y Grogu, la conversación vuelve a moverse entre la expectación y el recelo, también porque la cinta ya ha recibido críticas negativas en Estados Unidos.

La jugada tiene algo de curioso. No parte de una entrega central de la saga, sino de una película autoconclusiva nacida de una serie que, a su vez, ya era un spin-off del universo original. Ese encaje dice mucho del momento que vive la franquicia, cada vez más cómoda en los cruces entre cine y televisión.

Favreau y Filoni recuperan el pulso de la primera temporada

Jon Favreau y Dave Filoni firman un proyecto de dos horas y quince minutos que busca reconectar con el tono de la primera temporada de The Mandalorian. No es un matiz menor, porque aquella etapa funcionaba como una mezcla muy reconocible de aventura clásica, western y relato de vínculo improbable.

En el centro sigue estando la relación entre Mando y Grogu, una pareja construida sobre referencias muy concretas del cine y el manga japonés. Asoman El lobo solitario y su cachorro y la saga Zatoichi de Kenji Misumi, dos modelos donde el viaje importa tanto como el combate.

Esa herencia no resulta decorativa. Ayuda a entender por qué la historia funciona mejor cuando observa a sus personajes en movimiento, protegiéndose y midiéndose con un mundo hostil, que cuando intenta vivir solo del peso de la marca.

Los villanos miran al western y el reparto suma un cameo inesperado

También los antagonistas se apoyan en una tradición muy reconocible. Los droides enemigos recuerdan al personaje que interpretó Lee Van Cleef en La muerte tenía un precio, otra pista de que la película busca esa aspereza seca del western antes que el despliegue solemne de otras entregas galácticas.

Mientras tanto, la versión original guarda una sorpresa llamativa, porque Martin Scorsese pone voz a un alienígena. No deja de ser una de esas decisiones que obligan a mirar dos veces los créditos y que añaden una rareza simpática en una producción de gran maquinaria industrial.

Jeremy Allen White aparece además como Rotta el Hutt, hijo de Jabba. El dato no solo amplía el reparto, también devuelve a escena una rama del imaginario criminal de la saga que siempre ha funcionado como contrapeso sucio frente a caballeros, imperios y profecías.

La película intenta sostenerse sola, pero carga con todo su árbol genealógico

Ahí está una de sus tensiones más claras. La película nace como obra cerrada, pero arrastra el peso de venir de una serie que ya derivaba de la saga original, de modo que debe parecer accesible para cualquiera y, al mismo tiempo, reconocible para quien llega con años de continuidad encima.

Esa doble exigencia explica parte del escrutinio. Cuando una cinta dura dos horas y quince minutos y además necesita justificar su existencia fuera de la televisión, cada referencia, cada cameo y cada eco de otras películas cuentan más de lo habitual.

Al final, lo más revelador quizá no sea el tamaño de la producción ni el apellido galáctico que lleva encima, sino la imagen de partida que la sostiene. Entre un guerrero taciturno, un niño al que proteger y unos droides con aroma de Lee Van Cleef, la película vuelve a una idea muy vieja para intentar resolver un problema muy actual.

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